En la línea de fuego 575
79%

575

» Hubo un momento en que me superó tanto que tuve que pedirle a un compañero que lo hiciera por mí. No podía soportar ver un rostro más descompuesto por el dolor, no podía enfrentar otra familia desmoronándose ante la irrevo-cable pérdida de su ser querido. Porque cada puerta a la que llamaba, cada mensaje que entregaba, cada vez que veía a u-na familia desmoronarse. . me veía a mí mismo, reflejado en su angustia. Porque mi hermana desaparecida era una de sus víctimas, y muy en el fondo lo sabía. Cuantas más muertes había en el pueblo, tenía más claro que no la volvería a ver.

» Cuando finalmente dimos con él, en lugar de encerrarlo entre rejas como merecía, fue enviado a un hospital psiquiátrico, donde se le ofreció alimento y refugio, como si mere-ciera alguna consideración. Esa es la única verdad, así que si hay alguien que la sabe muy bien, ese soy yo.

Recordé las largas noches en las que él desaparecía, sumido en su búsqueda incansable de justicia. Siempre le decía que descansara un poco, aunque fuera solo unas horas, y al día siguiente siguiera trabajando. Pero él no estaba dispuesto a parar hasta encontrarlo. También recordaba su rostro, ca-da vez más roto. Era como si cada desaparición, cada noticia de otro cuerpo encontrado, reabriera sus propias heridas, haciéndolas tan frescas como el día en que su hermana desapareció.

Era difícil olvidar todo eso.

Pero esa no era la verdad, al menos no del todo. Porque Nolan también había sufrido, aunque hubiese hecho todo lo que hizo. Nadie conocía su pasado ni lo que le hicieron de pequeño, solo yo y los responsables de su sufrimiento.

—¿Crees que hay alguna diferencia entre una prisión y un psiquiátrico? —inquirí, pensando en las habitaciones del sótano en las que estaba. Yo misma estuve ahí y puedo decir que no había ninguna diferencia, era incluso peor.