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—En ese caso, ¿por qué se molestaría en escribirte una carta?
Me sentí acorralada, sin saber cómo responder a esa pregunta.
—No lo sé.
—Mientes.
La acusación de Landon me golpeó como un puñetazo en el estómago. ¿Cómo se atrevía a insinuar que había algo entre Nolan y yo? No podía creer que precisamente Landon, una de las únicas personas que consideraba de mi círculo más íntimo, pensara tan mal de mí. En ese instante parecía una completa extraña a ojos de él.
Una carcajada agria brotó de mi garganta, impulsada no solo por la incredulidad, sino por el vino que había estado consumiendo durante horas.
—¿Así que ahora simplemente asumes lo peor de mí?
¿Dónde ha quedado la confianza entre nosotros?
—La confianza se gana, Jules, y mintiendo se pierde.
—¿Y qué te hace pensar que estoy mintiendo? —inquirí con una chispa de frustración arrastrando las palabras—.
¿Cómo puedes estar tan seguro de que estoy mintiendo, si ni siquiera sabes la verdad para refutarla?
—Por supuesto que la sé —gruñó, dando un paso al frente.
Me vi forzada a levantar aún más la cabeza para mantener el contacto visual—. Nolan Jenkins es un asesino despiadado que ha arrebatado de este mundo a un sinfín de almas inocentes. Secuestró a tantas niñas y mujeres que la policía ni siquiera supo por dónde empezar. Las autoridades estuvieron tras su pista durante años, mientras yo veía el inmenso dolor en los ojos de familias destrozadas, a quienes no podíamos devolverles a sus seres queridos por mucho que quisié-ramos.