En la línea de fuego 573
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Tuve que infiltrarme en un hospital psiquiátrico durante casi doce semanas, convivir con personas que lidiaban con una variedad de trastornos mentales y enfrentarme cara a cara con múltiples asesinos. Y todo, ¿para qué? Para investigar lo que acababa de revelar Nolan así, sin más, en una simple carta.

—Esto no lo ha escrito él.

El rostro de Landon se descompuso por completo, como si fuese lo último que esperaba que dijese.

—¿Y quién iba a ser, sino?

—No lo sé, pero algo no encaja. Esta confesión es demasiado evidente. ¿De verdad crees que confesaría todo lo que ha hecho en una simple… carta?

—Podría ser otra mentira de su parte con tal de evitar la justicia, pero también es posible que esté diciendo la verdad.

—Nolan no tiene ningún trastorno mental —le defendí.

—Ahora mismo no me puede importar menos si tiene un trastorno mental o no. —El tono que empleó fue tan áspero que me obligó a alzar la vista hacia él—. Te ha escrito una carta. A ti.

Oh, claro, eso.

Mis manos empezaron a sudar.

—No sé por qué lo ha hecho.

Landon frunció el ceño, observándome a través de esos castaños ojos con una intensidad que me hizo sentir incómoda.

—¿Te crees que soy estúpido?

—Landon, no creo que. .

Y, entonces, lanzó la temida pregunta:

—¿Ha pasado algo entre vosotros dentro del psiquiátrico?

—No, claro que no —respondí apresuradamente.