571
Me metí la mariposa de nuevo en mi bolsillo y no fui consciente de lo mucho que había bebido hasta que me puse en pie. Casi tropecé con la mesa del comedor cuando la rodeé para atender a quien fuese que estuviese detrás de la puerta a esas horas, pues debían ser las siete de la mañana. Y
no, no había dormido en toda la noche. Por muy cansada que estuviera, sabía que iba a resultarme imposible hacer tal co-sa.
Con paso vacilante, me acerqué a la puerta y, tras un breve instante de titubeo, giré el picaporte.
Landon estaba de pie frente a mí, con el uniforme policial aún puesto, aunque desaliñado. Sus ojos estaban cubiertos por unas oscuras ojeras, como si él tampoco hubiese dormido nada en toda la noche. Y su postura, por lo general erguida y segura, ahora parecía más encorvada, como si el peso del cansancio hubiera aplastado sus hombros.
—Lo siento por venir tan pronto, pero necesitaba hablar contigo.
Le hice un gesto para que entrara, dejándolo pasar. La música de Lana del Rey aún flotaba en el aire. Reconocí la canción que estaba sonando en ese instante; «Cinnamon Girl».
—¿Pasa algo? —pregunté, cerrando la puerta detrás de mí.
—Han habido novedades en el caso de Nolan.
Mis ojos se abrieron inconscientemente, sintiendo un nu-do de ansiedad formándose en mi estómago.
—¿Lo habéis encontrado? —Mi corazón comenzó a latir con fuerza en el pecho.
Negó con la cabeza, y me sentí extrañamente aliviada.
Maldita sea, no debería sentirme así. Tendría que estar decepcionada porque aún no lo hubiesen retenido, y sobre todo preocupada porque un asesino anduviera suelto por el 572
país ahora mismo. Ya no solo sería lo correcto, sino lo más sensato. Pero yo seguía viendo a ese niño al que le hicieron sufrir tanto.
—Hallamos el vehículo con el que escapó abandonado en las afueras del pueblo, pero no había rastro de él.
¿Habría abandonado la ciudad? ¿O simplemente se estaba escondiendo? Lo más probable era lo primero, pues no tenía ningún motivo para quedarse.
—Sin embargo, encontré esto dentro del vehículo —continuó, sacando un pequeño sobre del bolsillo de su uniforme para entregármelo.
Lo cogí, algo dubitativa. Mis manos temblaron ligeramente mientras procedía a abrirlo con cautela, revelando una no-ta escrita a mano:
Sé que no he hecho las cosas bien. He arrebatado la vida de muchas inocentes, niñas y mujeres. Pero solo espero que algún día puedas llegar a perdonarme. Debes saber que no soy una persona normal, y nunca he tratado de escapar de la justicia.
Tengo un trastorno que me consume, uno que no puedo controlar por completo. Te ruego que entiendas que no era mi intención lastimarte, pero mi enfermedad mental me llevó por un camino del que ya no puedo volver. Mantente a salvo, y eso significa alejada de mí.
Nolan.
El escalofrío que recorrió mi espalda fue como una descarga eléctrica, dejándome paralizada por un momento. No sé cuántas veces releí el mensaje, pero por mucho que lo leía una y otra vez, seguía sin parecerme real.