563
* * *
Cuando finalmente abrí los ojos, lo hice con lentitud, como si el sueño se resistiera a soltarme por completo. Me incorporé poco a poco, sintiendo el cuerpo aún pesado por el descanso.
El cielo ya empezaba a esclarecerse, dando paso a lo que estaba convencida que sería un precioso amanecer, pues en los fríos inviernos de Harpers Ferry siempre había amaneceres y atardeceres preciosos. Estos momentos siempre solían ser un buen regalo que conseguía elevar el ánimo, pero desgraciadamente, las circunstancias habían cambiado.
Entonces me di cuenta de que el furgón ya no estaba en movimiento. Nos habíamos detenido. Mi corazón dio un vuelco cuando comprendí a dónde estábamos. Justo enfrente de nosotros se alzaba el familiar edificio donde trabajaba.
La comisaría de Harpers Ferry.
Giré la cabeza hacia Nolan. Uno de sus codos descansaba en la ventanilla, mientras observaba al frente con aire pensativo. Luego volteé hacia los demás. No había nadie despierto, al parecer a todos les había vencido el sueño.
—Tienes razón, no tengo derecho a intervenir en tus decisiones —dijo Nolan, buscando mis ojos—. Es tu elección, Jules. Solo tú decides.
Tragué saliva con esfuerzo.
Mis palabras quedaron atoradas en mi garganta. Ni siquiera supe qué decirle en ese momento. ¿De verdad me estaba dejando elegir? ¿Y si tomaba la decisión que no esperaba? ¿Y si entraba en esa comisaría? A pesar de saber el riesgo que eso comportaría para él, estaba dispuesto a hacer algo tan simple como dejar que yo tomara mis decisiones por mi propia cuenta.