En la línea de fuego 555
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—Lo he sido en todo momento —garantizó, y su tono sincero me tomó por sorpresa.

—¿Tuviste algo que ver con el secuestro de Lexi y las demás chicas?

No es que lo pensara, pero necesitaba que lo desmintiera.

Porque pensar que Nolan podía haber tenido algo que ver con el secuestro de Lexi y las demás chicas hacía que un revoltijo de emociones negativas se manifestaran en mi estómago hasta trepar por mi garganta.

—No sé de qué va a servir que conteste, si todo lo que salga por mi boca lo vas a poner en duda.

—Solo hazlo.

Él suspiró.

—No —respondió firmemente—. Yo no he tenido nada que ver con eso.

—¿Cómo siquiera sabes de lo que te estoy hablando?

En ese instante, el ruido de unos pasos interrumpió nuestra conversación. Una chica con el pelo rojo pasó por el único espacio que Nolan había dejado libre en la puerta.

—¿Te has perdido, guapo? —le preguntó ella, ignorando mi presencia casi como si fuera invisible.

—Estoy exactamente donde pretendía estar —contestó con ese tono habitualmente frío que solía emplear con los demás. Era extraño que conmigo eso cambiara.

—Bueno, pues ya que estás aquí, podrías entrar conmigo y divertirte un poco —sugirió la chica con una sonrisa coqueta, mientras jugaba con un mechón de su cabello rojo con gesto seductor.

—Lo siento, pero estoy ocupado en este momento —respondió él, con los ojos todavía puestos en mí. En ningún momento se había molestado siquiera en desviar la mirada hacia 556

ella.

La chica me miró con aires de prepotencia por encima de su hombro, como si fuera un simple microbio, antes de volver a dirigir sus ojos hacia Nolan.

—Ya veo —murmuró.

Sacó un pequeño papel y un bolígrafo de su bolso, y comenzó a escribir algo en él. Después, se acercó a Nolan y, sin más, metió su mano bastante hondo en uno de los bolsillos delanteros de su pantalón. La dejó reposando ahí unos segundos, antes de sacar la mano de nuevo.

Alcé las cejas ante su descaro.

—Por si algún día decides cambiar de opinión —dijo ella en un tono confidencial, guiñándole el ojo.

Observé la escena con creciente incomodidad, sintiéndome completamente fuera de lugar. Sin embargo, lo que más me desconcertó fueron los celos inesperados que comenzaron a agitarse en mi interior.

La chica pasó por mi lado y se encerró en uno de los baños, dejándonos a los dos solos. Pero ambos éramos muy conscientes de que había compañía.

—Deberíamos irnos —propuso Nolan.

Carraspeé la garganta.

—Sí.

Nolan se hizo a un lado para dejarme pasar primero.

—Puedes estar tranquila, no era mi tipo —dijo mientras cruzábamos el pasillo.

Rodé los ojos.

—Como si me importara.

Sus labios se curvaron en una medio sonrisa de soberbia que me llenó de irritación.

Salimos de la gasolinera en completo silencio. Me sor-557

prendió que Amelia, Nils y Renata siguieran al furgón cuando llegamos. Pero entonces comprendí que no podrían escapar ni aunque quisieran, pues Nolan había bloqueado todas las puertas.

Abrí la puerta del copiloto y me acomodé en el asiento, al tiempo en que Nolan rodeaba el capó y ocupaba el asiento del conductor.

—Ya era hora —bufó Nils desde el asiento de atrás, mientras Nolan ponía el vehículo en marcha y abandonábamos la gasolinera—. ¿Os habéis montado un trío los tres o qué?

Amelia le dio un codazo con ganas.

—¡Que está presente una niña! —le riñó.

—¿Y qué? Un trío puede ser muchas cosas.

Nils giró la cabeza para mirar a la niña con una sonrisa que pretendía ser inocente. Amelia, por su parte, soltó un suspiro de resignación, anticipando la dirección de la conversación.

—Verás, pequeña, un trío es como una pizza con tres ingredientes que te encanten. Cada uno aporta un sabor único, y juntos hacen que la pizza sea deliciosa.

La niña, con los ojos brillando de interés, inclinó la cabeza, procesando la información.

—¿Y si no me gustan los ingredientes? —preguntó con curiosidad, arrugando la nariz.

Nils se rascó la barbilla, fingiendo una profunda contem-plación antes de responder.

—Bueno, lo bueno de las pizzas, y de los tríos, es que tú eliges los ingredientes. Si hay algo que no te gusta, simplemente no lo pones.

—Entonces, ¿podría tener una pizza solo con chocolate, fresas y malvaviscos?