En la línea de fuego 554
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—No necesito tu aprobación —respondí con frialdad, intentando mantener mi guardia en alto—. Y no me hagas partícipe de tus planes, porque en cuanto salga de este baño, vas a llevarme a la comisaría más cercana y todo esto habrá terminado.

Nolan me observó con calma, sin inmutarse por mi actitud desafiante. Sus ojos profundos parecían penetrar más allá de mi fachada de determinación, como si pudiera leer mis pensamientos más íntimos con solo una mirada.

—No puedo hacer eso —contestó finalmente.

—No tienes derecho a intervenir en mis decisiones.

—Sí, si eso implica que esas decisiones que tomes van a ponerte en peligro.

—¡¿Por qué ir a la policía debería ponerme en peligro?!

—estallé.

—¡Porque acabarán descubriendo lo que eres!

—¡¿Y eso qué demonios significa?!

Pareció vacilar por un instante, como si buscara las palabras adecuadas para contestar ante eso.

—Eres más de lo que crees —se limitó a decir en voz baja, con una seriedad que me estremeció—. Tú misma has visto de lo que somos capaces de hacer. Y si te descubren, pondrás en riesgo no solo tu vida o la mía, sino la de muchos otros.

Apreté los labios con todas mis fuerzas hasta formar una fina línea. La respiración me llegaba entrecortada, mi pecho agitado por la mezcla de emociones que luchaban por salir.

Pero a pesar de mi enojo, había una parte de mí que se preguntaba qué pasaría si estaba en lo correcto, si realmente habría algo más en juego de lo que yo era consciente.

—Dime una cosa, y espero que esta vez seas sincero.