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Los demás comenzaron a buscar entre los compartimen-tos de las puertas, incluso entre los asientos.
—Nada —sentenció Lexi.
Nolan maldijo por lo bajo.
—¿Cómo estás ahora? ¿Puedes aguantar hasta que llegue-mos a un lugar seguro? —me preguntó, su tono lleno de preocupación mientras continuaba concentrado en la carretera.
—Eso creo.
—Tenemos que llevarla al hospital —afirmó Nils, dejando de lado las bromas—. Necesita atención médica urgente.
—Si lo hacemos, avisarán a las autoridades.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Dejar que se desangre?
—¿De verdad crees que haría eso? —Nolan frunció el ce-ño, como si fuera lo más absurdo que había oído en lo que quedaba de día.
—No lo sé, eres un asesino. ¿Tú que crees?
—Pues creo que eres idiota.
—Por lo menos no soy un. .
—¡Basta ya, los dos! —intervino Amelia, tratando de calmar los ánimos—. No estamos ayudando a nadie peleando entre nosotros. Necesitamos encontrar una solución ya.
Se formó un denso silencio.
—Hay una gasolinera cerca —habló Lexi finalmente—. Podemos parar ahí.
—Es lo más sensato que he escuchado hasta ahora —murmuró Nolan.
Se desvió del camino en dirección a la gasolinera.
* * *