En la línea de fuego 534
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—Vale, no entiendo nada —dijo Amelia.

Estuve a punto de hablar cuando sentí algo húmedo en mi muslo. Bajé la mirada y di un respingo al ver cómo una mancha de sangre comenzaba a manar justo donde tenía la herida.

Oh, mierda.

Iba a avisar a los demás, pero Nolan ya se había dado cuenta de ello. Sus ojos estaban clavados en la sangre con la mandíbula tensa.

—Se te han soltado los puntos —informó él, regresando la vista al frente—. No es grave, pero hay que detener la hemorragia.

Tragué saliva, tratando de mantener la calma a pesar de la creciente sensación de pánico que se apoderaba de mí.

—¿Es la herida de bala? —preguntó Amelia, y asentí.

—¿Cuándo te dispararon?—inquirió Lexi, asomándose un poco. Nils parecía igual de perdido que ella.

Amelia comenzó a explicarles todo lo que había ocurrido ese día para que terminaran disparándome. Relató cómo nos vimos atrapadas en el almacén del psiquiátrico, y cómo finalmente nos vimos acorraladas en el bosque cuando tratába-mos de huir.

Mientras seguía hablando, Nolan me pidió en un tono au-toritario:

—Abre la guantera y mira si hay pañuelos o vendas.

Hice lo que me pidió. Removí entre las hojas y documentos que iba encontrando, buscando desesperadamente algo que pudiera detener la hemorragia.

—No hay nada —dije finalmente.

—¿Y detrás?