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«Infierno»
Así es como había descrito este lugar. En ese momento, había creído que lo hizo solo para asustarme. Pero ahora, mientras el fuego devoraba todo a su paso, entendía que no podía haber estado más cerca de acertar en su descripción.
Este lugar era un maldito infierno, y yo había estado todo este tiempo en la línea de fuego.
—¡Jules, vamos! —La voz de Nolan sonó más distante, y cuando me volví para encararlo, lo vi ya junto al furgón.
Maldije entre dientes antes de dar media vuelta y alcanzarlo. Abrió la puerta trasera y colocó a la niña en uno de los asientos. Luego rodeó el vehículo y se instaló en el asiento del conductor. Abrí mi puerta para hacer lo mismo, pero una mano fría me tomó del brazo.
Mi cuerpo se tensó de golpe y mi corazón dio un brinco en mi pecho. Giré sobre mis talones al tiempo en que sacaba la pistola para enfrentarme a mi adversario.
—Bonita forma de demostrarme que me has echado de menos.
—¿Amelia? —pronuncié su nombre, pasmada.
Ella mostró una sonrisa tenue, reflejando el mismo alivio que yo sentía de verla. Alterné la mirada entre la puerta del psiquiátrico, donde la había visto por última vez, y su figura ahora frente a mí.
—¿Cómo. .? ¿Cómo has logrado llegar hasta aquí?
—Siendo optimista y pensando que podría hacerlo —con.
testó, encogiéndose de hombros.
Una sonrisa se curvó en mis labios al recordar las nume-rosas veces que Amelia solía burlarse de mi optimismo.
Antes de que pudiera responder, Amelia fue empujada sin suavidad hacia un lado, y en un instante, apareció Nils, con 525
su característica sonrisa radiante iluminando su rostro.
—Ahora me toca a mí —afirmó él, segundos antes de darme un fuerte achuchón.
La energía positiva de Nils siempre era contagiosa, y su presencia me reconfortó más que nunca. Le devolví el abrazo con fuerza, sintiendo cómo la tensión se disipaba poco a po-co.
—Me alegro que estés bien, Nils —dije con sinceridad.
—Yo también, Clarke. —Alzó una ceja, como si supiera to-da la verdad—. Te dije que ese nombre no te pegaba.
—Yo. .
—Ya hablaremos de esto. —Me guiñó el ojo.
Entonces Nils se hizo a un lado, dejando espacio para Le-xi. Mi corazón se apretó en un puño al verla, y el alivio que me inundó fue indescriptible. Era la primera vez que la veía desde que desapareció en el bosque junto con esas chicas.
Me había puesto en lo peor, creí que no se habría liberado de esos hombres y le harían cosas inhumanas. Pero ahí estaba, sana y salva.
Unas lágrimas se asomaron en sus ojos castaños. Juraría que esa era la primera vez que la veía llorar en toda mi vida, pues Lexi mantenía sus emociones bajo control incluso en las circunstancias más difíciles.
—¿Estás llorando? —pregunté, con una sonrisa divertida.
—No, idiota, solo me sale agua de los ojos.
Arqueé una ceja, conteniendo una leve risa. Ahí estaba la Lexi que conocía, con su típico sarcasmo, sacándome una sonrisa incluso en situaciones como esas.
Ella dio unos pasos hacia mí, acortando la poca distancia que nos separaba, y me envolvió en un abrazo conmovedor, aferrándose a mí como si temiera perderme de nuevo. La ha-526
bía echado mucho de menos.
—Siento interrumpir este emotivo encuentro, pero hay que largarnos de aquí ya. —La voz de Nolan nos sacó del em-belesamiento, rompiendo el abrazo.
—¿Soy el único que se pregunta qué demonios hace con este asesino? —preguntó Nils.
No, no era el único. Los demás parecieron preguntarse exactamente lo mismo, porque ahora todos los ojos cayeron en Nolan, esperando una explicación que por ahora no podía dársela.
—Es una larga historia —respondí, suspirando—. Vamos, subid.
—¡¿Estás demente?! —exclamó Nils, como si la simple idea lo aterrara.
—Vuélvela a llamar demente y te aseguro que te arrepen-tirás de haber abierto la boca —masculló Nolan con un tono amenazante y una mirada que dejaba claro que no estaba bromeando.
Nils abrió mucho los ojos, aún más asustado.
—¡No pienso subirme con este tío!
—Tengo nombre —contestó Nolan, dando toquecitos al volante, impaciente.
—Lo sé, creo que todo el mundo lo sabe —añadió Nils, con una mirada desafiante, aunque su voz le traicionaba con un toque de nerviosismo—. Te has ganado la suficiente fama co-mo para que todo el mundo lo sepa.
Su respuesta desató una risa suave de parte de Nolan, co-mo si estuviera disfrutando del intercambio de palabras. Nils frunció el ceño, claramente frustrado por la actitud relajada de Nolan.
—¿Qué te hace pensar que es seguro montarnos contigo?