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Nolan arqueó una ceja, como si la pregunta le pareciera ridícula.
—Porque tengo licencia de conducir.
—¡Eso no responde a mi pregunta! —insistió, comenzando a perder los nervios.
Nolan solo se encogió de hombros con indiferencia.
—Bueno, tienes dos opciones —dijo con tranquilidad—.
Subirte conmigo o quedarte aquí y esperar a que los guardias te encuentren, si es que las llamas no te han abrasado antes, claro. Yo preferiría la segunda opción, pero supongo que a Jules no le hará mucha gracia que haga eso.
Hubo una lucha de miraditas entre esos dos, hasta que al final Nils soltó un suspiro resignado.
—Está bien —murmuró entre dientes, y se giró para abrir la puerta trasera del vehículo. Sin embargo, su expresión serena se desvaneció instantáneamente cuando sus ojos se posaron en algo dentro del vehículo—. ¿Qué coño hace una ni-ña aquí?
—No digas palabrotas delante de ella —le reñí.
—Sube al puto furgón —gruñó Nolan.
—¡Que no digáis palabrotas! —repetí, aunque parecía que nadie me estaba escuchando.
—¡No pienso subir hasta que no me expliquéis qué cojones está pasando!
Vale, definitivamente nadie me estaba escuchando.
Nolan se pasó una mano por el rostro, visiblemente frustrado por la situación.
—Muy bien, tú quédate, pero yo me piro —dijo Amelia.
Pasó junto a Nils y ocupó uno de los asientos traseros. Acomodó a la niña en su regazo para que Nils y Lexi pudieran subirse a los dos otros asientos. Nils lo terminó haciendo a 528
regañadientes cuando comprendió que no había muchas más alternativas.
Antes de que Lexi entrara al vehículo, me agarró de la muñeca con suavidad y me dijo en voz baja para que nadie más pudiera escucharnos:
—Más vale que sepas lo que estás haciendo.
Asentí, tratando de infundirle confianza en mi mirada.
Una vez todos dentro, me desplacé en el asiento de copiloto. Agarré el cinturón para ponérmelo y. .
—Oh, mierda —murmuró Amelia desde el asiento de atrás.
—¡Que no digas palabr. .! —Me corté a mí misma cuando me fijé en el grupo de guardias que Amelia estaba viendo en ese momento. Se estaban acercando peligrosamente con las armas apuntando directamente hacia nosotros—. ¡Oh, mierda!
Nolan pisó el acelerador bruscamente, y las ruedas derra-paron mientras el vehículo tomaba velocidad. La respiración se tornaba entrecortada en el interior del furgón mientras el ruido de los disparos comenzó a perforar el aire.
Todos emitimos un grito cuando una bala impactó contra la ventana trasera, estallando detrás de nosotros en pequeños cristales afilados. Me giré para comprobar que todos estuvieran bien. Los encontré agachados detrás de sus asientos, con las cabezas gachas para protegerse de los proyectiles.
—¿Estáis bien? —pregunté.
Un coro de asentimientos y murmullos de confirmación llenó el espacio del furgón.
Asentí lentamente, dejando soltar el aire, y regresé la vista al frente. Al hacerlo, mis ojos se abrieron de golpe al distinguir la misma valla que crucé con Landon el primer día que vine a este lugar. Solo que ahora estaba cerrada, y por la ve-529
locidad a la que íbamos, Nolan no parecía tener ninguna intención de detenerse.
—Nolan. . —Mi voz tembló con la advertencia.
—Es de metal oxidado, se doblará como cartón.
—¿Estás. .? —Nils se detuvo—. Espera, ¿a ti sí te puedo llamar demente?
—A mí llámame como quieras, pero si vas a hablar de ella, lávate la boca primero.
—Pues, con tu permiso. . ¡¿Estás demente?!
Nolan mantenía un respeto hacia mí que no lograba comprender del todo. No dejaba que nadie me hiciera daño en todos los sentidos ni hablara mal de mí. Ni siquiera Nils, que ya lo conocía y si me decía algo sabía que estaba bromeando.
Pero a Nolan no parecía importarle demasiado eso.
Nolan no dijo nada, solo apretó más el acelerador, y el furgón se lanzó hacia adelante sin disminuir la velocidad. El repentino movimiento hizo que Nils perdiera el equilibrio y cayera de culo en su asiento con un estrepitoso golpe, dejando escapar un gruñido de molestia.
La valla se acercaba aterradora y ominosamente. Me agarré con fuerza al asiento, sintiendo que el tiempo se ralentizaba mientras nos acercábamos a lo inevitable.
—¡Agarraos fuerte! —grité, cerrando los ojos con fuerza.
El furgón chocó contra la valla con un estruendo ensordecedor, sacudiéndonos violentamente a todos. Un crujido metálico resonó en el aire cuando la valla se desprendió de su lugar, saliendo disparada por los aires. El impacto fue tan potente que sentí como si el mundo entero diera vueltas a mi alrededor.
Gritos y exclamaciones llenaron el interior del furgón mientras nos aferrábamos desesperadamente a lo que pudiéramos para mantener el equilibrio. Cuando la sacudida cesó 530
y el polvo se asentó, nos encontramos todos respirando agitadamente.
—¿Estáis bien? —preguntó Nolan. Aunque lo hubiese dicho en plural, sus ojos se posaron en mí, como si mi respuesta fuera la que más le importara.
Asentí.
—Sí, claro. De hecho, te quería preguntar si lo podemos repetir otra vez. —El tono sarcástico de Nils arrancó algunas risas nerviosas de Amelia y Lexi, aliviando un poco la tensión del momento.
Pero a mí me fue imposible sonreír. Había imaginado este día con mil escenarios distintos; periodistas rodeándome, cámaras y micrófonos capturando cada detalle; Nolan saliendo del psiquiátrico esposado para llevárselo a prisión; Foster, Landon y Lexi saliendo de sus coches patrulla para felicitar-me personalmente por haber resuelto el caso; mi padre esperándome con sus brazos abiertos para recibirme. De seguro que primero me reñiría por haberle ocultado la verdad.
Pero nunca pensé que sería de este modo.
Me giré disimuladamente para mirar a Nolan sin que se diera cuenta. La luz de la luna que se filtraba a través de la ventana bañaba su rostro, resaltando los ángulos perfectos de su mandíbula y la línea de su nariz recta y definida. Una de sus manos sujetaba el volante con destreza, mientras que la otra reposaba en la ventana. No supe en qué momento la había abierto, pero ahora el viento jugueteaba con mechones de su cabello oscuro, dándole un aspecto más desenfadado.
Aparté la mirada de él y la posé en el espejo retrovisor de mi ventana. Podía observar cómo el psiquiátrico se desvanecía en el horizonte, envuelto en llamas y humo. Si los bomberos no llegaban pronto, todo quedaría reducido a cenizas.
Mi mente se llenó de preguntas mientras el paisaje ar-531
diente se desvanecía en la distancia. ¿Había hecho lo correcto al huir? ¿O debería haberme quedado, luchando por aquellos que no podían defenderse por sí mismos? ¿Qué les ocu-rriría a todos los pacientes que habíamos dejado atrás, aquellos que seguían bajo el sometimiento de ese infierno? ¿Encontrarían ayuda? ¿Serían capaces de escapar, como nosotros?
Entonces me vino alguien a la cabeza.
—Hay que volver —mencioné, sintiendo que todos los ojos se clavaban en mí como si hubiera dicho algo inesperado y desconcertante.
—¿Estás. .? —comenzó a decir Nils, pero vio que Nolan le lanzaba una mirada de advertencia desde el espejo retrovisor—. ¿. .malita de la cabeza?
—Hemos dejado atrás a Landon.
—¿Quién es Landon? —preguntó Nils.
—El amigo de Clark. . Jules —Amelia se corrigió a sí misma, carraspeando la garganta. Supongo que aún no estaba acostumbrada a que no fuera Clarke Emmet. Merecía una explicación de por qué le había mentido, al igual que Nils, pero eso es algo que hablaría con ellos en otro momento—. Es el agente de policía que me ayudó a entrar al hospital psiquiátrico.
—Es policía, se las apañará —contestó Nolan con tranquilidad.
Pero yo no estaba nada tranquila.
—Había demasiados guardias de seguridad —insistí.
Me giré hacia Lexi con una mirada significativa, esperando que al menos ella me entendiera, pues era la única que conocía a Landon tanto como yo. Además, sabía lo mucho que significaba para mí. Pero en lugar de encontrar apoyo, vi reflejada en sus ojos la misma resignación que había percibi-532
do en los demás.
—Lo siento, Jules, pero no creo que sea lo mejor regresar.
Solté un resoplido frustrado y me enderecé en mi asiento.
En ese momento, escuché el seguro de mi puerta cerrarse.
Fruncí el ceño y giré la cabeza hacia Nolan.
—¿Por qué has cerrado la puerta?
—Por si acaso.
Solté una risa incrédula.
—¿Crees que saltaré del furgón en marcha o algo así?
—Nunca se sabe viniendo de ti.
Abrí la boca, claramente ofendida.
—¡Eso es lo mismo que llamarla demente! —objetó Nils, indignado.
—Tú, cállate —bramó Nolan.
Nils se cruzó de brazos y negó con la cabeza mientras miraba por la ventanilla, pero no tardó en volver a hablar.
—¿Y a dónde se supone que estamos yendo ahora?
—A una comisaría —respondí con certeza, aunque la reacción de Nolan me desconcertó. Sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa mientras mantenía la mirada fija en la carretera—. ¿Qué es tan gracioso?
—Lo ingenua que eres a veces —replicó con una nota de burla en su voz.
—¿Por qué dices eso?
—Porque crees que llevarnos directamente a una comisaría resolverá todos nuestros problemas. ¿Crees que nos van a recibir con los brazos abiertos después de lo que hemos hecho?
—¿Lo que habéis hecho? —repitió Lexi, como si no entendiera por qué lo decía en plural.