En la línea de fuego 482
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—¿Y eso en qué debería afectarte exactamente a ti? Ni siquiera eramos amigas.

Abrió la boca, como si fuera a replicar, pero luego la cerró de golpe. Por primera vez, se quedó sin palabras. En ese momento comprendí que estaba yendo por el camino correcto.

Entonces una posible idea surgió en mi mente, una teoría que amenazaba con salir a la luz y que comenzaba a formarse entre los fragmentos de recuerdos que había recopilado con ella hasta ahora.

—Tengo una pregunta. ¿Por qué ingresaste a este psiquiátrico?

—Eso no es asunto tuyo —respondió con brusquedad, pe-ro percibí una fisura en su fachada, una grieta que sugería que mis palabras habían dado en el blanco.

—¿Sabes? Es curioso que cada vez que fuese a algún lugar, tú estuvieses ahí. Cuando me colé en el almacén con Beth, apareciste poco después. Cuando decidimos colarnos al despacho de la directora para buscar el informe de Matthew, decidiste venir con nosotras a pesar de mostrarte siempre asustada y nerviosa. Cuando fuimos al bosque a asegurarnos de que las chicas estuviesen bien, casualmente llegaste justo cuando Nils y yo estábamos en peligro.

—¿A dónde quieres ir a parar?

—No creo que todo esto sea una casualidad. Creo que me has estado vigilando durante todo este tiempo. Me pregunto por qué no quisiste seguirme también cuando Amelia y yo entramos en el desagüe, pero la respuesta viene sola. Fuiste tú la que avisaste a los guardias de seguridad, ¿verdad?

Lily me miró fijamente durante lo que pareció una eternidad. Su rostro se mostraba impasible, pero sus ojos brillaban con un deje nerviosismo que no podía ignorar.

—Está claro que ser investigadora privada es lo tuyo —dijo 483

finalmente con un tono despectivo.

—Siempre se me ha dado bien mi trabajo.

Adler me miró de reojo, recordando la conversación que tuvimos en el despacho de la directora cuando hablamos sobre nuestras vidas fuera del psiquiátrico. Sentí lástima por él, por haberle mentido en todo eso. Pero la chica que había conocido aquí dentro no era de mentira. Todo lo que había compartido con él era real. Lo nuestro, de algún modo, fue real.

—Imagino que esas balas son sedantes, pues también sabrás lo del laboratorio.

—¿Qué laboratorio? —intervino Adler. Seguía sin poder creerme que no se acordara de nada habiendo estado allí.

—Son balas normales —me contestó Lily, ladeando la cabeza—. ¿Quieres comprobarlo tú misma?

—No tendría ningún sentido que fuesen balas normales si han estado usando. . —comencé a decir, pero fui interrumpida por el estallido ensordecedor de una bala impactando a pocos metros de nosotros.

Un grito escapó de mis labios mientras el sonido reverbe-raba en el aire, haciendo que Renata soltara un sollozo agudo. La miré rápidamente para comprobar que estaba bien.

Temblaba de pies a cabeza como una hoja en el viento. Sus ojos, grandes y llenos de terror, buscaban refugio en mis piernas, mientras sus manos se aferraban con fuerza a mi pantalón.

Apreté los dientes con fuerza y alcé la cabeza lentamente hacia Lily, escrutándola con la mirada.

—Es solo una niña, maldita sea.

—Pues no haberla traído contigo.

La rabia se encendió en mi pecho ante su indiferencia.