En la línea de fuego 476
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Me pregunté si había sido una especie de fallo técnico o algo por el estilo, pero mis dudas se disiparon cuando, entre las personas, vi a ese chico rubio al que estaba buscando.

—¡Adler! —grité para llamar su atención.

Sus ojos, confusos, se encontraron con los míos desde la lejanía. Se abrió paso entre la multitud hasta llegar a mí.

—Clarke —murmuró—. ¿Has sido tú la que ha abierto las puertas?

Negué con la cabeza.

—Debe haber sido un fallo del sistema.

—¿Y qué haces aquí? —preguntó, y luego sus ojos descen-dieron irremediablemente hacia la niña—. ¿Y por qué estás con. .? ¿Cómo se llamaba?

—Renata —dijo la niña, mostrándose algo ofendida porque no se hubiese acordado de su nombre.

—Eso.

Ni siquiera tenía respuesta para esa pregunta.

—Hay que escapar del hospital.

La masa de gente ya se había disipado prácticamente por completo, quedando tan solo nosotros tres en el pasillo.

—¿De qué estás hablando?

—He descubierto cosas, Adler. Cosas que ahora mismo no tengo tiempo para contarte. Pero, si vienes conmigo, te lo explicaré todo con detalle. Te lo prometo.

Tuve que retener todo lo que quería decirle para otro momento, pues la última vez que nos vimos fue cuando se lo llevaron para trasladarlo al ala de cuidados intensivos por haberse peleado con Nolan. No me quería ni imaginar lo que sucedería si le contaba que había estado hacía apenas unos pocos minutos con él.

Adler frunció el ceño, claramente indeciso sobre si confi-477

ar en mí o no. Sus ojos verdes escudriñaron los míos en busca de alguna señal de respuestas.

—No puedo simplemente seguirte sin saber lo que está pasando —dijo, su voz cargada de desconfianza.

—Adler, me conoces. Soy yo. .

—No, no la conoces.

Esa voz había provenido del final del pasillo.

Giré la cabeza con el corazón aporreándome las costillas y mis ojos no creyeron lo que estaban viendo.

Era Lily. Estaba sosteniendo una pistola entre sus manos, y nos apuntaba directamente con ella. Renata se escondió detrás de mis piernas.

—Lily —murmuré, ahogando una exclamación—. ¿Qué. .?

¿Qué haces?

—Impedir que os vayáis.

Tuve que parpadear varias veces para comprobar que era real, que Lily sujetaba una pistola con una determinación que sugería que ya lo había hecho otras veces. Y en sus ojos solo pude ver una seguridad que me estremeció de pies a cabeza, como si no dudara ni un segundo en apretar ese gatillo.

—No la conoces —repitió con los dientes apretados por la furia, refiriéndose a mí.

Adler, que se había quedado tan pasmado como yo, preguntó:

—¿A qué te refieres?

—Explícaselo, Clarke. Dile cómo te llamas en realidad.

El tiempo se ralentizó para avanzar a paso de tortuga.

Comprendí entonces que lo más probable es que estuviese cabreada porque se había enterado de quién era en realidad.

Me preguntaba cómo. Tal vez Nolan se lo había dicho, y había caído en su trampa. En su juego.