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Sin embargo, el día en que Adler se abalanzó sobre Nolan para hacerle daño, algo se despertó dentro de mí. Sentí la misma angustia que cuando vi a esos guardias lanzándole puñetazos en el estómago siendo tan solo un niño.
Deslicé los ojos hacia la niña que tenía agarrada de la ma-no. Tenía tantas dudas en mi cabeza que empezaba a notar punzadas en mis sienes, como si cada pregunta abriera una compuerta en mi mente, liberando un flujo de incertidumbre.
¿Qué hacía Renata con Nolan? ¿Se conocerían de antes?
Pero, ¿cómo era eso posible si Renata era la hija de un guardia de seguridad? ¿Se habría escapado otra vez?
Fuese lo que fuese, estaba en peligro. Al igual que nosotros.
—¡Ve más deprisa o nos atraparan! —exclamó Renata, preocupada. Irónicamente era ella la que me estaba prácticamente arrastrando para impedir que aminorara la velocidad.
—Eso intento —murmuré, cojeando. Cada paso que daba con la pierna herida sentía los puntos tibar mi piel, como si en cualquier momento se fueran a soltar.
Pasamos junto a uno de los grandes ventanales que había en el pasillo, revelando la oscuridad del exterior. Ya había a-nochecido, lo que facilitaría enormemente nuestra huída pa-ra no ser vistos. Si es que lográbamos salir de aquí, claro.
Pero, si tenía una cosa clara, es que no iba a irme sin algunas de las personas que seguían en este hospital. Supuse que Nolan se enfadaría si no me veía cerca de la habitación, pero no podía dejarlos atrás.
Conduje a Renata hacia las escaleras, y al comprobar que no había nadie subiendo ni bajando, nos adentramos en ellas.
Por los menos no había cámaras de seguridad dentro de las instalaciones, así que no había forma de que supieran a dón-475
de estábamos exactamente.
Apreté los dientes con fuerza, cada escalón ascendido era como un desafío contra el dolor que me retorcía la pierna.
Mis músculos temblaban por el esfuerzo, pero me negaba a ceder ahora. Solo quedaban dos pisos más para llegar.
Al llegar al rellano de la escalera, nos encontramos con un largo pasillo iluminado por la tenue luz de las lámparas col-gantes. Había tantas puertas que me llevaría tiempo encontrarlo, pero estaba dispuesta a hacerlo.
Comencé a asomarme por todas y cada una de las rendijas de las puertas de metal, deseando que en alguna de ellas viera a esa persona. Pero solo veía los mismos rostros de a-flicción sin mucho éxito.
—¿Qué haces? —preguntó Renata, siguiéndome de cerca.
—Necesito. . necesito encontrar a alguien.
Justo cuando me disponía a asomarme por otra rendija, un sonido característico rompió el silencio, el click de una puerta siendo desbloqueada. Pensé que habría tocado algo sin querer, pero entonces me di cuenta de que no se había desbloqueado solo la puerta que tenía enfrente, sino todas.
¿Qué demonios. .?
El pasillo se llenó de un denso silencio segundos después de que se volviera una maraña de puertas abriéndose de par en par, gritos eufóricos y pacientes saliendo mientras vitoreaban por su libertad.
Acerqué a Renata hacia mí, queriendo protegerla en medio del caos repentino que se desataba a nuestro alrededor.
La gente corría hacia las escaleras, ansiosa por escapar de aquel lugar opresivo. Sentí un empujón en el hombro que me hizo tambalearme, obligándome a sujetar con más fuerza a Renata para mantenernos juntas en medio de la marea humana que nos rodeaba.