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Sentí un nudo en la garganta al verla en ese estado, tan vulnerable y frágil. Una oleada de pánico me invadió, ese tipo de pánico que solo aparecía cuando se trataba de ella.
—Metedlos de nuevo en sus habitaciones —ordenó.
Cuando la directora se disponía a alejarse del pasillo, los paneles del pasillo comenzaron a parpadear. Todos alzaron la mirada, incluida ella, confundidos. En ese momento, una figura pequeña emergió al final del pasillo.
Sabiendo lo que estaba a punto de suceder, me levanté del suelo y corrí hacia Jules. Nadie me lo impidió, pues todos estaban demasiado absortos en las luces y esa niña que había aparecido repentinamente por el pasillo.
Segundos después, las luces estallaron en un destello cegador. Cubrí a Jules con mi cuerpo, protegiéndola de cualquier chispa de electricidad que pudiese lastimarla. El estruendo de la explosión resonó en mis oídos, junto a gritos de algunos hombres que les alcanzaban corrientes de electricidad. En medio del caos, vislumbré cómo dos de los guardias se apresuraban a proteger a la directora, formando un escudo humano que la mantuvo a salvo de cualquier peligro.
El calor abrasador de la explosión me envolvió brevemente antes de que el humo y el olor a quemado llenaran el pasillo, impidiéndome respirar con facilidad.
Tomé un rápido vistazo a nuestro alrededor. Los guardias yacían en el suelo, algunos inconscientes y otros luchando por levantarse. La directora, con una expresión furiosa, gritaba órdenes mientras intentaba recuperar el control de la situación.
Aprovechando el caos y la confusión causada por la explosión, me levanté con Jules en brazos. Con el humo y el ruido de la explosión dificultando la visión y la respiración, me abrí paso entre los guardias tosiendo y confundidos.