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* * *
Siempre había odiado la oscuridad, y ahora me encontraba en ella.
Solo escuchaba mi propia respiración y el latido de mi corazón, nada más. Todo a mi alrededor era perturbablemente negro. No había personas, ni juguetes, ni mesas. . Nada. Solo un espacio vacío y tan silencioso que me ponía los pelos de punta.
—No tengas miedo —escuché detrás de mí.
Me giré, asustada, y me encontré con Nolan. El miedo se desvaneció de inmediato, reemplazado por esa calma profunda que solo él podía ofrecerme. Incluso en un lugar como ese.
—¿Dónde estamos?
—En tu propia mente —respondió—. No hay un lugar más seguro que este.
—Pero, ¿cómo. .?
Acortó los metros que nos separaban.
—Busqué la manera de contactar contigo de alguna forma, y descubrí esta.
—¿Cómo lo haces?
—Imagina la mente como una cerradura. Hay miles y miles de llaves, así que necesito una específica para acceder a la mente de alguien. Y la tuya encaja perfectamente. No sé cómo lo hago, pero solo puedo hacerlo contigo.
Parpadeé, sin entender absolutamente nada. Pero por lo menos lo tenía aquí conmigo, y quería aprovechar ese momento para hablar con él.
—¿Por qué has estado ignorándome todo este tiempo?
—pregunté, dolorida.
—No ha sido elección mía, Jules.