En la línea de fuego 432
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—Suena bien. —Sonreí con la máxima naturalidad que pu-de.

—¿Qué más necesitas para que yo sea tu amiga?

—Mmm. . ¿Qué tal tu nombre?

—¡Qué fácil es ser amigo de alguien! Soy Alyssa.

Abrí los ojos de nuevo, con el cozarón latiéndome a toda prisa.

Dios mío, todo empezaba a cobrar sentido a una velocidad vertiginosa. Los ojos de Adler. . Cada vez que los miraba, tenía más claro que los había visto en alguna otra parte. Pero no eran los suyos los que me resultaban familiares, sino los de su hermana.

Había conocido a Alyssa Hall.

Me preguntaba tantas cosas que sentí un ligero mareo, como si mi cabeza no estuviese procesando adecuadamente toda la información. Ni siquiera pude asimilar lo que acababa de ver cuando otra punzada de dolor me obligó a cerrar los ojos.

Alyssa hizo que esos días de la semana fuesen más llevaderos.

Me parecía sorprendente cómo una niña pudiese ser tan alegre en un lugar como ese. La mayoría de niños habían perdido sus sonrisas, el brillo en sus ojos. Pero Alyssa parecía conservar esa parte de ella, como si no pudiese evitarlo.

Cuando percibía que algo no andaba bien en mí, me sacaba la lengua y hacía todo tipo de muecas graciosas para hacerme reír, y al final lo conseguía. Alyssa tenía la capacidad de traer un destello de felicidad a pesar de las circunstancias, y fue 433

gracias a esa parte de ella que no tardamos en hacernos íntimas amigas.

Hasta que un día cualquiera, mientras estaba con Alyssa en un rincón de la sala jugando a ser princesas e imaginar que estábamos en un reino encantado, escuché que las puertas de la sala se abrían y lo vi aparecer.

—¡Nolan! —exclamé, emocionada.

Dejé a Alyssa para ir corriendo hacia él.

Sin embargo, cuando fui a abrazarlo me rechazó, apartán-dome con brusquedad. La confusión se apoderó de mí mientras observaba su expresión, intentando comprender lo que estaba pasando.

—Aléjate de mí.

Parpadeé, sorprendida.

Nunca había usado ese tono tan seco conmigo.

—Pero. .

—¡Márchate! —me gritó, haciendo que diera un brinco del susto.

Con los ojos empapados de lágrimas, me di la vuelta y regresé con Alyssa, quien nos miraba extrañada.

Acababa de perder la amistad que siempre había sido un refugio en aquel lugar sombrío, y ni siquiera sabía cómo. No entendía qué había hecho mal.

—¿Ese es el amigo que sabe hacer mariposas de papel?

—preguntó Alyssa, algo asustada por el comportamiento de Nolan.

Asentí, secándome las lágrimas.

—Pues ya no quiero uno.

Cuando me giré de nuevo hacia él, vi cómo uno de esos hombres se acercaba a Nolan para decirle algo al oído. Después de intercambiar algunas palabras, el hombre le dio unas pal-434

maditas en la espalda y regresó a su lugar.

Traté de concentrarme en esos recuerdos, de darles sentido, pero cada intento provocaba un dolor punzante en mi cabeza. El pitido en mi cabeza persistía, y hubiese dado lo que fuese para detenerlo. Pero sentía que no podía, pues estaba al borde de descubrir algo crucial, algo que lo cambiaría absolutamente todo:

La verdad.

Inhalé hondo y me sumergí de nuevo en la oscuridad de mis recuerdos, dispuesta a enfrentar la verdad que se escondía en lo más profundo de mi mente. Porque, como dijo Nolan, la verdad estaba en mis recuerdos.

Estaba muy triste.

Nolan llevaba días ignorándome, y no entendía el por qué.

Me pregunté tantas veces qué hice mal, que me dolía el corazón. Cada intento de acercarme a él acababa teniendo el mismo resultado, así que al final decidí no insistir más.

Alyssa, siempre atenta a mis emociones, intentaba animar-me con sus travesuras, pero era inevitable estar mal.

—¿Jugamos al ahorcado? —Su voz me sacó de mis pensamientos.

Estábamos sentadas con la espalda apoyada a una de las paredes estúpidamente blancas, apartadas del resto. Supongo que perder un amigo era eso, ver las cosas de manera negativa.

Ahora todo me irritaba.

—No me apetece.

Alyssa siguió mi mirada hacia el chico al que estaba miran-435

do y soltó un resoplido.

—Olvídalo de una vez.

Pero yo no quería hacerlo. No quería olvidar todos los momentos que habíamos pasado juntos, ni las risas que compartimos, ni los dibujos que habíamos hecho de nuestros recuerdos.

Porque todo eso era justamente lo que hacía que no me derrumbara en ese lugar.

La alarma sonó y nos pusimos en pie, listas para regresar a nuestras habitaciones.

Justo cuando estaba a punto de cruzar las dos grandes puertas de la sala, una mano agarró suavemente mi muñeca.

Me giré sorprendida para encontrarme con Nolan.

Extendió disimuladamente hacia mí una pequeña mariposa de papel. Antes de poder decir algo, se alejó rápidamente por el pasillo, dejándome con la mariposa de papel entre las manos.

Al llegar a mi habitación, cerré la puerta detrás de mí y me quedé observando esa figura de papel con el ceño fruncido, intentando entender por qué me la había dado si se suponía que ya no éramos amigos.

Fue entonces cuando noté algo extraño entre las alas de la mariposa. Unas letras apenas visibles se asomaban tímidamente. Intrigada, deslicé mis dedos con cuidado entre las alas de papel y lo desplegué por completo, deshaciendo la figura.

Había escrito los siguiente:

"Lo siento. Yo no quería separarme de ti, ellos me han

obligado. Pero hay un lugar en el que podemos reunirnos de

nuevo. Solo tú y yo, nadie más. Mañana te lo enseñaré."

Una sonrisa se escapó de mis labios.