419
En un momento crítico, el oficial de policía aprovechó un descuido del hombre trajeado. Con movimientos rápidos y decididos, se desplazó lateralmente hacia una posición estratégica. Cuando el hombre se expuso momentáneamente, el oficial disparó con precisión, impactando en la pierna del adversario.
El hombre, gritando de dolor, se tambaleó y finalmente cayó al suelo. La pistola se deslizó fuera de su alcance mientras se agarraba la pierna herida.
Había dejado a tres hombres heridos. Él solo.
El joven se giró hacia mí y asintió en señal de que la amenaza había desaparecido. Cuando comprendí que estaba a salvo, salí de mi escondite y me dirigí hacia donde estaba él.
Era bastante alto, probablemente su altura rondaba el metro ochenta, y sus rasgos revelaban una juventud que contrastaba con la valentía que acababa de demostrar.
—¿Estás bien? —preguntó, mientras guardaba de nuevo su pistola en la funda. Sus movimientos eran cuidadosos para no transmitir amenaza alguna hacia mí.
Asentí nerviosa, mirando de reojo a los hombres.
—¿Dónde está Jules?
Recordaba que la había mencionado así cuando reconoció su voz en la llamada, así que intuí que se estaba refiriendo a Clarke. No sabía por qué la llamaba de un modo distinto, pe-ro no quise detenerme a pensarlo.
—En el bosque. La han disparado.
Su mandíbula se tensó y se giró lentamente hacia mí.
—Llévame hasta ella.
Y eso hice. Atravesamos el bosque, guiándolo por los caminos en los que recordaba que había ido en mi desesperada carrera por conseguir ayuda. Sin embargo, cuando llegamos al lugar donde había dejado a Clarke, ya no estaba.