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No solo había fallado a Clarke, sino que había puesto en peligro a todos los pacientes del hospital. Era la única que había tenido la oportunidad de buscar ayuda, y la había des-perdiciado.
Fue entonces cuando, de la nada, el sonido de un disparo rasgó el aire y el hombre que estaba más cerca de mí se tambaleó hacia atrás con un gemido de dolor. Había recibido una bala en el hombro.
Miré hacia el origen del disparo y vi a un joven con el uniforme policial, emergiendo de entre los árboles cercanos.
Sostenía una pistola humeante en la mano, y su mirada decidida dejaba claro que estaba dispuesto a protegerme a pesar de no conocerme de nada.
Ese debía ser Landon.
La sorpresa y el pánico se apoderaron del grupo mientras yo aprovechaba la oportunidad de esconderme tras un árbol en busca de refugio.
Los dos hombres, en un movimiento, sacaron las pistolas que tenían ocultas bajo sus trajes con tal de defenderse, pero el joven fue más rápido y disparó en dirección a uno de ellos.
Tenía buena puntería, porque le dio directamente al brazo que sostenía la pistola y cayó al suelo, sosteniendo su brazo ensangrentado.
El oficial de policía se colocó en la parte trasera de la furgoneta para esquivar los disparos del último hombre que quedaba. La furgoneta se convirtió en su improvisado escudo, protegiéndolo de las balas que silbaban a su alrededor.
De mientras, el hombre trajeado continuaba disparando hacia el oficial, intentando encontrar un ángulo vulnerable.
Pero el oficial, con la pistola en mano, se agachaba, se movía lateralmente y utilizaba cada oportunidad para devolver el fuego con precisión milimétrica. Era realmente bueno.