411
Se quedó sentada a horcajadas, esperando a que subiera yo. Coloqué un pie en el estrecho y pude llegar arriba con la ayuda de Amelia, quien me ofreció su mano.
Ahogamos un grito cuando unas balas se incrustaron en la muralla, sintiendo cada impacto bajo nosotras. Contamos hasta tres antes de lanzarnos al otro lado.
Al ponerme en pie, sentí un ligero dolor en las piernas, pero nada que indicara una lesión seria. Me giré hacia Amelia para comprobar que ella también estaba bien. Tenía la respiración entrecortada, pero parecía estar en perfectas condiciones.
Ya estábamos fuera del psiquiátrico.
Con el sol del día cegando nuestra vista, empezamos a correr desesperadamente. Cada árbol parecía convertirse en un obstáculo, pero la urgencia de escapar nos impulsaba a superarlos. La adrenalina nos envolvía mientras la distancia entre nosotras y el psiquiátrico aumentaba, dejando atrás e-se oscuro y peligroso lugar.
Cuando sentimos que habíamos dejado el psiquiátrico lo suficiente lejos, nos paramos detrás de un árbol. Respiramos agitadamente, tratando de recuperar el aliento.
Saqué el móvil de mi bolsillo y encendí la pantalla.
—Hay cobertura.
Amelia y yo nos miramos con incredulidad antes de que una risa nerviosa se apoderara de nosotras. Era una risa liberadora, la clase de risa que brota cuando la tensión acumulada finalmente encuentra una salida. Nos aferramos al árbol para mantenernos en pie mientras nuestras risas resonaban en el bosque.
—¿Puedes creerlo? —dije entre risas, con una mezcla de asombro y alivio.
—Voy a empezar a ser igual de optimista, porque funciona 412
—respondió Amelia, aún riendo.
Me aclaré la garganta, regresando a la seriedad. Miré alrededor, asegurándome de que estábamos bien ocultas entre los árboles, antes de marcar el número de Landon.
Puse el móvil en altavoz y esperé pacientemente a que lo cogiera. Sin embargo, después de varios tonos, solo obtuve la frustrante grabación de la contestadora.
—No responde —informé, sintiendo un leve nudo en el estómago.
—Inténtalo de nuevo.
Lo intenté una vez más y esperé ansiosa. Nunca había deseado tanto que alguien me cogiera el teléfono.
—Más vale que no sea propaganda, porque como vuelvas a molestarme en mi trabajo voy a demandarte por interrupción de servicio.
Cuando escuché la voz de Landon al otro lado de la línea, fue de las mejores sensaciones que tuve en toda mi vida.
—¿Interrupción de servicio? —Amelia me miró con el ceño fruncido—. ¿Eso existe?
—Landon, soy yo.
Hubo un breve silencio antes de que Landon respondiera con un tono más suavizado.
—¿Jules?
—¿Quién es Jules? —me preguntó Amelia, completamente perdida. Pero no había tiempo para explicárselo ahora.
—Necesito tu ayuda. He escapado del psiquiátrico con u-na chica, ambas estamos en el bosque que rodea el edificio.
No tenemos mucho tiempo, nos están buscando.
Al otro lado de la línea, pude escuchar el sonido de una puerta abriéndose, como si Landon estuviera saliendo apresuradamente de algún lugar.