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Desde que puse un pie en este hospital ya estaba haciendo algo ilegal, pero me guardé esa posible contestación para mis adentros.
Eché un vistazo a mi alrededor, evaluando todas las posibilidades. El almacén estaba más o menos igual desde la primera vez que vine. Y digo «más o menos» porque había algo distinto, algo que no lograba descifrar. Las estanterías seguían alineadas entre sí, y. .
Espera.
No todas las estanterías estaban alineadas. Había una que la habían empotrado contra la pared.
¿Por qué motivo la recolocarían?
Entonces detallé otra cosa. El almacén estaba más oscuro de lo habitual. Cuando entré por primera vez con Beth, recuerdo que estaba sumido en la penumbra, pero había algo de luz. Y esa luz provenía de. .
¡Por supuesto!
¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Me acerqué a la estantería que estaba colocada de manera diferente.
—Ayúdame a moverla.
—¿Para qué. .?
Nos sobresaltamos cuando escuché un fuerte sonido metálico. Me giré hacia la puerta y mi corazón se aceleró al ver que habían logrado abrir casi la mitad de la puerta, revelando a los guardias que forcejeaban por entrar. Pero por suerte la estantería aún aguantaba.
—¡Tú hazlo! —grité con los nervios a flor de piel.
Ambas nos colocamos en el mismo lado.
—¿Lista? —La miré con determinación.
Asintió.