En la línea de fuego 404
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—¿Y ahora qué hacemos?

—No lo sé.

Mi mirada se dirigió de nuevo hacia la puerta, que no tardarían en abrirla.

—¡Te dije que el mundo no es de color rosa! —me reprochó Amelia, nerviosa—. ¡No pueden cogernos ahora, Clarke!

¡Ni siquiera hemos llamado a la policía!

—¡Lo sé, Amelia! ¡Déjame. .! ¡Déjame pensar!

—¡No hay tiempo para pensar!

—¡¿Y cómo pretendes que encontremos una solución si no usamos la maldita cabeza?!

—¡Pues actuando sin pensar!

—¡¿Y qué es actuar sin pens. .?!

Me corté a mí misma cuando Amelia, en un grito de lucha, empujó hacia adelante la estantería más cercana a la puerta, haciendo que todas las bandejas almacenadas se precipitaran al suelo con un estruendo. En apenas un parpadeo, la puerta ya estaba bloqueada.

— Esto es actuar sin pensar —dijo orgullosa, expulsándose las manos de polvo.

Parpadeé reiteradas veces, sorprendida.

Las voces del conducto resonaron con más fuerza. Cada vez estaban más cerca de la rendija.

—Y en cuanto a esos —empezó a decir Amelia—, no tengo ni la más menor idea de cómo impedir que bajen. Podríamos escondernos detrás de una estantería y. .

—Escondernos no servirá de nada, ya saben que estamos aquí. Además, ya lo intenté una vez y nos acabaron descubriendo.

—¿Que ya lo intentaste una vez? —repitió, escéptica—.

¿Cuántas cosas ilegales has hecho en este psiquiátrico?