En la línea de fuego 403
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—¿Tenía un hermano? —preguntó Amelia, asomándose por encima de mi hombro para poder ver mejor la imagen.

—Sí, pero desapareció cuando eran niños.

Sentía que la fotografía despertaba algo más en mí. Esos dos chicos seguían resultándome familiar, como si los hubiese visto en alguna parte. O tal vez solo uno de ellos, pero era difícil saber a quién de los dos ya que eran exactamente iguales.

Recuerdo haber sentido algo similar con Adler. Aunque no puedo ubicar exactamente dónde o cuándo lo vi antes, su presencia me despertaba una extraña conexión, como si nuestras vidas se hubieran entrelazado de alguna manera en el pasado.

—Clarke, la policía —me recordó Amelia, haciendo que regresara a la realidad.

—Sí, perdón.

Marqué el número de Landon con apresuramiento, pero la llamada ni siquiera se pudo realizar porque, al parecer, no había señal en el almacén.

—No hay cobertura.

—¿Es en serio? —inquirió Amelia con fastidio.

Unas voces repentinas llenaron el pasillo del exterior.

—Mierda —maldije, guardándome el móvil en el bolsillo—.

¡Rápido, al conducto!

Nos movimos velozmente hacia la abertura en la pared, pero un murmullo de voces y sonidos metálicos provenientes de su interior nos detuvo en seco. Alguien se estaba deslizando por los conductos, y no parecía solo una persona.

Mi rostro palideció instantáneamente al darme cuenta de lo que estaba pasando.

—Quieren rodearnos —murmuré, estremeciéndome.