En la línea de fuego 399
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—¿Por qué no vamos directamente a la directora y se lo explicamos todo?

—Porque no es de fiar —respondí con simpleza.

Sus ojos se estrecharon, esperando una explicación más detallada.

—¿De verdad crees que la directora no sabe que hay un laboratorio en su propio psiquiátrico? Llevo tiempo pensándolo —añadí—, pero cada vez estoy más segura de que este psiquiátrico no es lo que parece. Esas balas que has visto no son normales, son sedantes. Y no unos cualquiera, porque jamás había visto algo similar. Y esas personas a las que hemos visto en el pasillo las tienen retenidas ilegalmente. Todo lo que hacen en este lugar va contra la voluntad de las personas, así que básicamente estamos en peligro. Y no solo nosotras, sino todos los pacientes de este hospital.

Amelia me sostuvo la mirada seriamente, dándose cuenta de la gravedad de la situación.

—¿Y cómo sabes que son sedantes?

Tragué saliva con fuerza, intentando deshacer el nudo que ya amenazaba con ahogarme.

—Un día vi cómo. . cómo una de esas balas alcanzaba a u-na chica que conocí en este lugar. Pensé que había muerto.

Lo estuve pensando durante semanas. Y luego. . luego me la encontré en una cafetería pidiendo un maldito chocolate caliente. —Emití una risa sarcástica, pensando en lo surrealista que sonaba—. Comencé a creer que me estaba volviendo lo-ca, que todo lo que vi. . no era real. Pero había algo que no cuadraba. La chica era la misma, pero de algún modo había algo en ella que había cambiado. No recordaba nada de lo que pasó.

—¿Insinuas que están utilizando esas balas para borrar los recuerdos de las personas?