En la línea de fuego 398
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—Entonces, ¿cuál es el plan?

Se lo repetí una vez más:

—Vamos al almacén, buscamos un móvil que nos sirva y llamamos a la policía. Con suerte, en un par de horas ya esta-rán aquí y todo habrá acabado.

—¿Y cómo llegamos al almacén?

—Hay que encontrar un conducto de ventilación. Llevo tiempo usándolos para moverme por el psiquiátrico sin ser detectada.

La expresión de Amelia pasó de la confusión a la incredulidad total.

—Que tú. . ¿qué?

—Ahora no importa. —Me asomé con cuidado al pasillo, que estaba despejado—. No hay nadie, vamos.

Amelia pareció tener una lucha interna sobre si seguirme o quedarse en donde estaba, pero finalmente me siguió y ca-minó a mi lado.