En la línea de fuego 384
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—Yo. . estoy de acuerdo con él —habló Lily—. Es mejor que volvamos antes de que descubran que nos hemos escapado del hospital.

—Sí, y seguro que cuando se lo digamos a la directora, lla-mará a la policía y se abrirá una investigación —añadió Nils—.

Así, de paso, nos ahorramos. .

Amelia lo interrumpió, impaciente:

—Cuanto más tiempo pasa, más probable es que estén muertas. Si hay alguna posibilidad de encontrarlas, es ahora.

Así que, o venís conmigo o dad media vuelta y dejad de perder el tiempo discutiendo. —Sin previo aviso, le quitó a Nils la linterna—. Y dame eso, lo voy a necesitar.

Sin esperar la respuesta de nadie, se adentró decidida en la oscura abertura del desagüe. Admiré lo valiente que estaba siendo y lo decidida que estaba en encontrar a las chicas.

—Amelia, espera. —Intenté alcanzarla, pero Nils me detuvo agarrándome de la muñeca.

—¿Estás loca? ¿Vas a seguirla? —preguntó él con incredulidad.

—No voy a dejar que vaya sola.

Lily miró hacia el desagüe con una expresión preocupada.

—Pero…, no podemos separarnos —balbuceó ella—. Es peligroso.

—Clarke, ¿vienes? —escuché que decía Amelia.

Volteé a mirarla. Se había detenido para esperarme.

Mi mente se quedó procesando un instante, observando la oscura entrada del desagüe. Aunque el peligro era innegable, también se presentaba la oportunidad de descubrir qué les había sucedido. Y mis ansias de respuestas superaban cualquier temor que pudiera sentir en ese momento.

Saqué el cuchillo que llevaba en la cintura y se lo di a Nils, 385

que lo agarró con una mueca de decepción en el rostro, intuyendo la decisión que ya había tomado.

—Antes de usar el cuchillo, usad el cerebro —les aconsejé—. Si solo veis un lobo, es porque los otros no están a la vista. Un lobo hambriento es parte de una manada que también tiene hambre. Evitad lugares en los que os puedan rodear y, si podéis, haced ruido. Los lobos generalmente evitan a las personas ruidosas.

Lily tragó saliva con fuerza.

—¿Cómo sabes tanto de lobos? —preguntó Nils.

—Solía ver documentales de supervivencia con mi padre.

Todavía me dolía mencionarlo.

—Tened cuidado —murmuró Lily.

La miré con una débil sonrisa dibujada en mi rostro.

—Saca esa Lily que me gusta, te vendrá bien ahora.

Ella asintió con una sonrisa que no alcanzó a sus ojos.

—¡Clarke, vamos! —insistió Amelia.

Di media vuelta y la alcancé. No pude evitar echarles un vistazo antes de entrar en el desagüe. Tuve un sabor amargo en la boca cuando los dejamos atrás.

—No te preocupes por ellos —me dijo Amelia, notando mi expresión—. Preocúpate más por nosotras.

—Los hemos dejado solos en mitad del bosque con una manada de lobos merodeando por la zona.

—Al menos ellos saben lo que les espera ahí fuera, nosotras no.

Me permití observarla un segundo. Ya no había ni rastro de la Amelia con la que nos encontramos en la cabaña. Ni siquiera había soltado ni una sola lágrima.

Sabía que todo eso lo estaba haciendo para demostrar que no era una cobarde. Me sentí mal por haberla juzgado 386

tan duramente, sin tener en cuenta la pesadilla que había vivido.

—Sabes que no tienes que hacer todo esto, ¿no?

Frunció el ceño.

—¿Hacer el qué?

—Demostrar que no eres una cobarde. Sé que no lo eres.

Apretó los dientes, devolviendo la mirada al frente.

—Las verdades más crudas salen a la luz cuando estamos enfadados.

—Eso no es cierto. No pienso lo que dije.

—Ya, claro.

La detuve por la muñeca, haciendo que desviara los ojos hacia el agarre antes de mirarme fijamente.

—Hablo en serio, ¿vale? Estaba nerviosa y. ., bueno. ., aún lo estoy. Desde que llegué al psiquiátrico, no he hecho otra cosa que presenciar suicidios, hacer que por poco me maten y encima ahora tengo que lidiar con la desaparición de una amiga mía. Así que perdón si digo las cosas sin pensar, pero es que creo que mi cabeza se ha rendido hace mucho.

Parpadeó, sorprendida, antes de decir:

—Vaya, Maya tenía razón.

Hubo un breve instante de silencio.

—Sé lo bien que te llevabas con ella —aclaró—. No paraba de hablarme de ti durante la excursión. Me dijo que eras una de las personas más fuertes que conocía. Y ahora entiendo por qué lo decía.

Debo reconocer que me emocionó pensar en lo bien que Lexi hablaba de mí en mi ausencia. Eso solo confirmaba lo buena amiga que era. Sentí el miedo calándose por mis huesos cuando pensé que tal vez ayer sería la última vez que vería.