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Abrió la puerta y la cerró de un portazo.
* * *
Una sacudida de hombros me despertó.
—Clarke, despierta —me llamó alguien con urgencia.
Mis ojos parpadearon al ajustarse a la penumbra de la habitación. Lily, con una expresión de preocupación, me miraba fijamente.
—¿Qué pasa? —pregunté con voz pastosa.
—Amelia no está.
La noticia me golpeó como si hubiese abierto la ventana de golpe y una ráfaga de viento frío se colara en la habitación, recuperando todos mis sentidos de un instante a otro.
Un nudo de ansiedad se formó en mi estómago mientras me incorporaba rápidamente.
—¿Qué quieres decir con que no está?
—Cuando he despertado, no la he visto en su habitación.
Me agaché para coger mis bambas, que se habían metido debajo de la cama.
—Nils ha salido a buscarla —añadió.
—¿Él solo? —pregunté incrédula mientras me ataba los cordones.
—Sí, dijo que no se alejaría mucho de la cabaña. Solo quería comprobar los alrededores.
—Aún así, es peligroso —mascullé, poniéndome en pie.
Bajé las escaleras de dos en dos, con Lily siguiéndome los talones. Entré en la cocina y me dirigí directamente a los cajones. Saqué dos cuchillos afilados que pudiesen servirnos.
Sus mangos de madera estaban desgastados por el tiempo, 381
pero las hojas, a pesar de todo, conservaban su filo original.
Tendí uno de los cuchillos a Lily.
—¿Para q-qué necesitamos e-eso? —titubeó.
—Es solo por precaución. No sabemos si los lobos siguen cerca.
Se lo pensó bastante antes de cogerlo con temor, como si en cualquier momento se le fuera a resbalar de las manos y pudiese herirse ella misma.
El aire matutino nos recibió cuando salimos al exterior. El amanecer se asomaba tímidamente en el horizonte, revelando contornos difusos de árboles y senderos cubiertos de nieve. Si no fuese por las circunstancias, hubiese disfrutado un poco más los paisajes que estaba viendo últimamente.
—¿Por qué crees que Amelia se ha ido? —preguntó Lily.
Solté un vago suspiro.
—Ayer por la noche discutimos, y después de eso se fue de la cabaña. No sé si regresó o ha estado toda la noche fuera. Dijo que quería tomar el aire, pero creo que simplemente quería alejarse de mí.
Lily me miró fijamente con sus enormes ojos celestes.
—No te sientas culpable. Amelia se fue porque quiso.
—Sí, pero fui demasiado dura con ella. Debería haberme callado y. .
—Lamentarse ahora no servirá de nada.
Su respuesta me tomó por sorpresa. No estaba acostumbrada a que hablara de una manera tan clara, directa y apenas sin titubear.
Ella lo notó y desvió la mirada rápidamente.
—¿Sabes? Deberías dejar salir esa Lily más a menudo, me gusta.
Una tímida sonrisa se asomó en sus labios.