En la línea de fuego 379
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—¡¿Y qué quieres que te diga?! ¡¿Que todo lo que te he contado es mentira?!

Sin tener en cuenta el impacto que podrían tener mis palabras, solté:

—¡Quiero que reconozcas que fuiste una cobarde! ¡Que las dejaste a ellas para salvarte el culo!

Amelia abrió los ojos con asombro, mezclados con un deje de sorpresa y dolor.

—Estaba tratando de sobrevivir —murmuró con lágrimas en los ojos.

—¡Pero aún así las abandonaste!

Se puso en pie de golpe.

—¡¿Crees que no lo sé?! ¡Pero no fue una elección! ¡Solo intentaba mantenerme con vida!

Di un paso para enfrentarme con ella.

—¿Y por qué debería creerte? ¿Cómo sé que no estás in-ventando excusas?

—¡Puedes creerme o no, pero te aseguro que fue real! ¡Y

no sabes lo que daría para que no lo hubiese sido!

El dolor en su voz fue desgarrador, y ahí comprendí que mi nerviosismo y frustración habían tomado por completo el control en esa discusión. Amelia no merecía todas esas acusaciones tan crueles, no después de todo por lo que había pasado.

Sin decir nada más, Amelia rodeó el sofá y cogió la chaqueta que había colgado en la pared.

—¿A dónde vas? —le pregunté.

Pasó un brazo por su manga, para luego hacer lo mismo con el otro.

—Amelia, no puedes salir ahora. Es peligroso.

—Necesito tomar el aire.