En la línea de fuego 373
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Su cabello, de un castaño cobrizo, estaba ligeramente revuelto. Tenía los ojos vidriosos y un rastro de lágrimas que había dejado en sus mejillas. Su cuerpo temblaba visiblemente por la angustia que la consumía. Se abrazaba a sí misma, como si intentara protegerse del frío.

—Amelia —dije en apenas un murmuro—. ¿Qué. .?

—Ellos me atacaron —sollozó.

—¿Los lobos?

Negó con la cabeza.

—Personas. Eran. . personas.

—¿Y las demás? —pregunté.

Se mordió el labio inferior, tratando de contenerse las lágrimas. Pero no podía articular palabras sin que un sollozo e-mergiera de su garganta.

—Amelia, ¿y las demás? —Mi corazón aporreaba mi pecho.

Nils la miraba desde su posición, desconfiado.

—Se las llevaron.

—¿Quiénes?

—Esos hombres —dijo en voz baja, temiendo que alguien la escuchara.

—¿Los mismos que te atacaron?

Asintió.