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—Me levanté del suelo, expulsando la tierra de mis rodillas.
Al alzar la mirada, vi el bosque que se extendía a nuestro alrededor, con árboles cubiertos de nieve que se alzaban co-mo espectros en la penumbra.
—Sí. —Una triste sonrisa se asomó en sus labios, poniéndose en pie. —Siempre le decía que era un culo inquieto. Tenía que estar constantemente organizando cosas para que no nos aburriéramos. Era una buena chica, ¿sabes? No entiendo por qué la tenía tan tomada contigo.
—Me hubiese gustado saber lo mismo —murmuré.
Sacó dos linternas del bolsillo de su sudadera y me dio u-na.
Con las linternas a mano, comenzamos a movernos por el interior del bosque, buscando cualquier señal. El frío penetrante se filtraba a través de mi ropa, y la linterna apenas iluminaba unos pocos metros a nuestro alrededor.
—Tenía la esperanza de que lo arreglarías —dijo de pronto, rompiendo el silencio entre nosotros—. Ambas sois esa clase de chicas que está constantemente cuestionándolo to-do. Vi el parecido cuando hablé contigo por primera vez.
Mi mirada se encontró con la suya, y en la penumbra del bosque, pude ver la tristeza en sus ojos. Un suspiro escapó de sus labios antes de que continuara.
—Traté de hablar con ella, ¿sabes? Hacerle ver que te estaba haciendo la vida imposible aquí dentro, que no tenía ninguna necesidad de tratarte así. Pero nunca quería hablar cuando se trataba de ti.
—¿Cómo os hicisteis amigos?
—Fuimos compañeros de habitación durante las primeras semanas.
Al mencionar a su compañera de habitación, hizo que pensara en la mía, y una oleada de nostalgia me invadió. Lily 361
también era una buena chica, pero Beth se convirtió en una de las pocas luces brillantes en medio de la oscuridad de este lugar.
—Yo también tuve una compañera de habitación al principio. Era. . increíble —mencioné con un tono melancólico en la voz.
Nils asintió con comprensión, como si ambos compartié-ramos la sensación de añoranza por esos tiempos, antes de que todo se desmoronara.
No es que Beth hubiese fallecido. A pesar de creerlo al principio, terminé descubriendo que seguía viva. Pero cuando la vi en esa cafetería, me dio la impresión de que no era la misma persona.
Echaba de menos a la Beth de antes.
—Margot descubrió algo. Algo que la asustaba.
Volteé hacia él con el ceño fruncido, captando completamente mi atención.
—¿A qué te refieres con algo?
La nuez de su cuello se deslizó en un acto de nerviosismo.
—Una noche entró a nuestra habitación temblando, apenas podía reconocerla. Su mirada. . —Negó con la cabeza—.
Era como si hubiera visto algo que no podía explicar con palabras. Se puso de rodillas frente a mí y me rogó que le explicara qué estaba sucediendo en este hospital, pero yo no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Nunca la había visto tan aterrada.
Un silencio pesado se instaló entre nosotros, solo interrumpido por el suave murmullo de los grillos de la noche y el viento. No me podía imaginar a Margot arrodillada, supli-cándole a alguien algo. No era típico de ella.
—Intenté calmarla —continuó—, pero se negó a decirme qué vio. Estaba paranoica. Fue esa noche cuando empezó a 362
organizar las fiestas, como si quisiera distraerse de lo que sea que la atormentaba. Pero nunca volvió a ser la misma, y desde que llegaste tú la cosa empeoró.
—¿Yo? ¿Por qué?
—No lo sé. Margot era una chica con carácter. Sí, lo reconozco. Pero eso no significa que no pudiera ser una buena persona. De hecho, cuidaba mucho a la gente de este hospital, incluso a aquellos que no conocía. Pero, por alguna extraña razón, contigo las cosas eran diferentes. Contigo sacaba todo lo malo de ella.
Una sonrisa irónica se asomó en mis labios al venirme una persona en mente.
—Esa razón tiene nombre y apellido.
Me miró con extrañeza.
—Le gustaba Adler —aclaré, como si fuese obvio.
—¿Estás insinuando que se comportaba así solo por celos?
—Nunca subestimes lo que es capaz de hacer una mujer herida.
Pasamos por encima de una raíz de un árbol bastante prominente, cubierta de nieve.
—No quiero ofender con esta pregunta, pero. . —Intenté elegir mis palabras con cuidado—. ¿Por qué motivo estaba ingresada en el hospital?
—¿Y tú eres la misma chica que una noche me dijo que lo primero que te suele preguntar la gente aquí es eso? —Alzó una ceja, divertido.
Una de mis comisuras se elevó.
—Te acuerdas de esa conversación.
—Me acuerdo de todo lo que tiene que ver contigo.
Cuando se dio cuenta de que lo había dicho sin pensar, 363
carraspeó la garganta y desvió inmediatamente la mirada.
—Si quieres saber si tenía esquizofrenia o algún tipo de a-lucinaciones, la respuesta es no. Margot tuvo muchos problemas familiares. Sus padres se intoxicaban con anfetamina, y esa droga les volvía violentos. No te imaginas las cosas que me contó de ellos. —Tensó la mandíbula, como si le hubiese molestado algo que había recordado—. Así que Margot buscó refugio en las bebidas alcohólicas. Bebía tanto que en la mayoría de ocasiones acababa en un coma etílico. Y lo que comenzó como una forma de escapar de sus problemas, se convirtió en una dependencia.
Ahora entendía por qué en cada fiesta se aseguraba de que hubiese alcohol. Tenía una obsesión tan intensa que incluso estableció contactos fuera del hospital para obtener sustancias que alimentaran su adicción.
Me pregunté qué se sentiría ser maltratada por las propias personas que te han traído a este mundo. Aunque mis verdaderos padres no fueran ejemplares teniendo en cuenta que me abandonaron en un orfanato, por lo menos alguien ejerció como tal, y consiguió que creyera que de verdad podía ser querida por alguien. Al menos yo supe lo que era realmente el cariño de unos padres. Margot, desgraciadamente, se fue de este mundo sin saberlo.
—En este hospital pasan cosas extrañas —confesó Nils, con la mirada fija en la oscuridad del bosque que nos rodeaba.
Iba a preguntarle a qué se estaba refiriendo con eso, pero antes de que pudiera abrir la boca, el sonido de una rama crujió en la quietud de la noche, como si alguien o algo la hubiera pisoteado.
—¿Has oído eso? —le pregunté, deteniéndome en seco.
—¿El qué?