En la línea de fuego 356
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Marlon miró el papel que sostenía en sus manos mientras continuaba hablando:

—Los seleccionados para la excursión de hoy son Olivia Ramirez, Amelia Thompson, Daniela Parker, Emily Turne y Maya Evans.

«Maya Evans»

Ese era el nombre de Lexi.

—¿Solo cinco personas? —preguntó el chico que tenía enfrente.

—Y son todas chicas —agregué, con una mueca de confusión.

—En pie, vamos —ordenó Marlon—. O les daremos esta oportunidad a otras personas.

Lexi me miró una última vez antes de levantarse e ir junto a las demás chicas, que ya se habían reunido con los guardias para salir del comedor. Las seguí con la mirada hasta que desaparecieron de mi campo de visión.

* * *

La aguja del reloj que había en la pared del comedor indicaba que ya eran las doce de la noche, y el grupo de chicas que habían asistido a la reunión todavía no habían vuelto. Llevaban todo el día fuera.

Un inquietante presentimiento me invadió.

Algo no iba bien.

De repente, alguien picó a la puerta de mi habitación. Me puse en pie tan rápido que sentí un ligero mareo.

Corrí hacia la puerta y la abrí sin titubear, esperando encontrarme con Lexi o alguna de las chicas. Sin embargo, para mi sorpresa, me encontré con Nils. Parecía igual de preocu-357

pado que yo.

—¿Estás pensando lo mismo que yo?

Asentí con la cabeza.

—Bien, pues ponte esto. —Me lanzó una sudadera y la cogí al aire—. Vamos a averiguar qué ha pasado.

Parpadeé reiteradas veces, algo confusa por la repentina propuesta.

—¿Y preguntárselo directamente a la directora no es una opción?

—No está aquí. Y, de ser así, ¿de verdad crees que nos lo diría a nosotros?

—Pues también es verdad —murmuré.

No iba a negar que el miedo y la preocupación me estaban carcomiendo por dentro, especialmente por Lexi. Así que me puse la sudadera y seguí a Nils fuera de la habitación.

—¿Y cómo vamos a averiguarlo, exactamente?

Ni siquiera yo, siendo investigadora privada, se me ocurría una manera discreta de hacerlo sin levantar sospe. .

—Escapando del hospital.

Mis pies se detuvieron a mitad de camino.

—Escapando del hospital —repetí, como si estuviera analizando sus palabras.

—Sí.

—Ahora.

—Ajá.

—De noche.

—¡Que sí!

Abrí tanto los ojos que, si no los tuviera pegados en la ca-ra, estaba convencida de que se me saldrían.

—¡¿Estás loco?! ¡¿Cómo vamos a hacer eso?!