En la línea de fuego 355
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—Mi padre estudió medicina. Un día me contó un caso parecido, y lamentablemente acabó de la misma manera. Es algo realmente impactante —añadió, con un tono sombrío—.

Ver cómo una persona está viva y, en cuestión de segundos, ya se ha ido.

Iba a empezar a comer, pero el nudo que tenía en la garganta me lo impedía.

—¿Qué síntomas tiene eso? —preguntó Lexi a mi lado.

—Pueden variar, pero a menudo incluyen dolor de cabeza, náuseas, vómitos y, en algunos casos, pérdida del conocimiento.

—Margot estaba bien, y de repente. . —murmuró Nils, negando con la cabeza.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, llenando la mesa con un pesar compartido. Era evidente que aún no había asimilado la muerte de su amiga.

Ni él ni ninguno de nosotros.

—Lo siento mucho —dije en un susurro, colocando una mano en su hombro—. Sé lo que es perder a alguien.

Él me miró de manera significativa, y la sonrisa que esbozó no alcanzaba sus ojos. Era evidente que era más una máscara para ocultar sus verdaderos sentimientos que una expresión genuina de alegría.

De pronto, un grupo de guardias irrumpió en el comedor, encabezado por Marlon. El lugar se sumió en un repentino silencio, todos pendientes por su llegada.

—Atención todos —anunció Marlon—. Debido al incidente de ayer, a partir de ahora las personas que asistan a las excursiones serán seleccionadas.

¿Después de lo de ayer querían continuar con las excursiones?