En la línea de fuego 334
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Estaba concentrada leyendo unos archivos.

Cuando escuchó la puerta abrirse, alternó la mirada entre Marlon y yo, fijándose detenidamente en la sangre que le brotaba en la nariz.

—¿Qué ha. .?

—Me ha golpeado —se adelantó Marlon, haciendo presión en mi antebrazo con fuerza.

Madeline, la directora, se puso en pie. Me escrutó con la mirada, mostrando una mezcla de enfado y decepción.

—¿Cuántas veces he dicho que evitéis los enfrentamientos físicos? —inquirió, con un tono de voz que revelaba su molestia—. No llevan a ninguna parte. ¿Es que acaso la charla que os he dado esta mañana no ha servido de nada o qué?

Tragué saliva con fuerza y bajé la cabeza.

—La hemos encontrado en las oficinas administrativas

—informó Marlon.

La directora se mostró pensativa por un momento, como si estuviera sopesando varias opciones en su mente, pero no dijo nada al respecto. Simplemente se limitó a asentir con la cabeza.

—¿No le va a preguntar qué hacía allí? —cuestionó Marlon—. ¿O cómo consiguió entrar?

—Es evidente cómo —contestó la directora, acercándose y extendiendo la mano hacia mí.

Solté un suspiro y metí la mano en el bolsillo para dársela.

La directora tomó la tarjeta y la examinó detenidamente antes de guardarla en su propio bolsillo.

—¿Y no quiere saber qué demonios hacía en las oficinas?

—Los jóvenes se aburren, Marlon. Es parte de su naturaleza. Si los mantienes mucho tiempo encerrados en un lugar, es normal que busquen maneras de entretenerse —respon-335

dió Madeline, sorprendiéndome con su actitud despreocupada.

—Pero. .

—De hecho, estos días he estado considerando una idea.

—Rodeó la mesa y se sentó al borde de ella—. En estos últimos meses han habido muchos incidentes, y todos son conflictos originados entre los internos. Es evidente que el ambiente en el centro no favorece el bienestar ni la rehabilita-ción de los pacientes. Por eso, pensé en un enfoque diferente, algo que pueda cambiar la dinámica y contribuir al progreso de todos.

Marlon y yo la escuchamos, expectantes.

—Estaba pensando en organizar excursiones alrededor de los bosques para que los jóvenes conecten con la naturaleza.

Ahora, después de este incidente, veo con más motivos aún la necesidad de implementar este enfoque innovador.

La propuesta de la directora me dejó atónita.

—¿Está de coña? —cuestionó Marlon—. ¿Una paciente se cuela en las oficinas y lo único que se le ocurre a usted es organizar escapadas por el bosque?

—No esperaba que estuviese de acuerdo, Marlon. Pero no se le debe olvidar que la directora de este centro soy yo. Usted solo se dedica a protegerlo, yo a gestionarlo. Ahora, si no tiene nada más que aportar, le pediría que me dejara para que pueda hablar con la paciente en privado.

Marlon apretó los dientes con tanta fuerza que me dio miedo la rabia que estaba acumulando, especialmente porque esa rabia iba dirigida hacia mí. Pero no dijo nada más al respecto. Al fin liberó su agarre, sintiendo que la sangre volvía a circular por mi brazo, ahora adormecido.

Me sobresalté cuando escuché la puerta cerrarse de un portazo.