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La directora tomó asiento otra vez. El silencio en el despacho se hizo bastante pesado. No sabía si debía disculpar-me, agradecerle por no haberme impuesto ningún castigo o esperar a que hablara ella.
Al final, me decanté por romper yo misma el silencio.
—Directora Gerlach, yo. .
—No hace falta que se justifique —me cortó—. Entiendo perfectamente por qué lo hizo.
Se formó un nudo en mi garganta.
—¿Ah, sí?
Madeline sonrió enigmáticamente.
—Claro. Quería buscar la manera de encontrarse de nuevo con Adler. He estado observando últimamente que hay un vínculo especial entre vosotros.
El nudo en mi garganta se deshizo de golpe.
—Oh, sí. . Claro.
—No la juzgo por eso. A veces el amor nos impulsa a hacer cosas extraordinarias.
La frase quedó flotando en el aire. Hubo una pizca de melancolía en ella, como si entendiera esa sensación.
—¿Puedo preguntarle en qué van a consistir esas escapadas?
—La idea es llevaros fuera del entorno hospitalario. Creo que la naturaleza tiene un poder curativo y que la experiencia al aire libre puede contribuir al bienestar mental de los pacientes. Realizaréis actividades en el bosque para fomentar el trabajo en equipo y así daros la oportunidad de conoceros mejor.
Asentí con la cabeza, dándole a entender que lo había comprendido.
—No será obligatorio, solo participarán aquellos que estén 337
dispuestos. Será una oportunidad para hacer algo diferente
—añadió Madeline, sorprendiéndome con su tono inusualmente comprensivo.
—¿Y qué pasa con los de la última unidad?
—Por ahora, no puedo considerar la posibilidad de inclu-irlos en estas actividades.
Me analizó con la mirada, como si pensara justamente lo que se me estaba rondando por la mente. O más bien quién, porque añadió:
—Eso incluye a Nolan.
—Claro. —Forcé una sonrisa—. Lo suponía.
—Bien, en ese caso ya puede retirarse.
Salí del despacho de la directora con un sabor amargo en la boca.
¿Qué acababa de pasar?
¿Por qué en vez de regañarme por un presunto comportamiento inapropiado, había propuesto algo tan inusual co-mo dejar salir a los pacientes?
* * *
El aire fresco y el sonido de la nieve crujir bajo nuestros pies era lo único que se escuchaba, creando una atmósfera diferente a la habitual dentro de las paredes del centro. Había aceptado participar en la excursión propuesta por la directora Madeline, y hasta ahora, todo transcurría de manera tranquila.
Tuve que apartarme un poco cuando una chica pasó corriendo por mi lado, gritando desesperadamente mientras huía de un chico que tenía una serpiente enroscada en un palo con una sonrisa malvada.