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—Mierda. Lo siento, Clarke —musitó—. Yo. . No era. . no e-ra mi intención.
Desvié la mirada hacia Nolan, y vi el momento exacto en el que sus ojos se llenaban de rabia al ver la sangre en mi ma-no. Sentí tanto miedo al ver esa mirada, que me pregunté si sería la misma que ponía antes de matar a sus víctimas.
Nolan aprovechó que Adler estaba de espaldas a él. En un movimiento rápido, rodeó las esposas en su cuello e hizo presión en ellas, pegándolo a su pecho. Adler abrió mucho los ojos ante la repentina falta de respiración, llevándose las manos a su cuello.
Se inclinó para susurrarle algo a la oreja, pero no lo alcancé a oír.
—¡Nolan, basta! —grité.
Mantuvo su agarre firme, pero finalmente, después de un momento tenso, soltó a Adler. Este cayó al suelo, tosiendo y recuperando el aliento. Me agaché para estar a su altura y comprobar que estaba bien. Su rostro estaba enrojecido, ya no solo por la furia, sino también por la falta de oxígeno.
Más guardias llegaron al pasillo, restableciendo el orden.
Los que estaban agrediendo a los guardias, al notar la presencia de refuerzos, empezaron a dispersarse, huyendo en distintas direcciones para evitar ser detenidos.
Nolan se dejó llevar por uno de ellos, aunque lanzó una mirada intensa en mi dirección antes de desaparecer por el pasillo.
Adler se levantó, ignorando mi ayuda, y fue en dirección hasta el baño. Me apresuré en ponerme de pie para seguirlo con pasos torpes.
—¡Adler, espera!
Sus pasos eran grandes zancadas que no estaba dispuesto a detener.