En la línea de fuego 318
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Antes de que pudiera entrar al baño de chicos, me coloqué justo delante de él, bloqueándole el paso.

—Apártate —espetó de mala gana.

Pero no lo hice. A pesar de que su comportamiento hacia mí me estuviera doliendo, elevé el mentón, sin dejar pisote-arme por nadie.

—¿O qué? ¿Vas a golpear a alguien sin motivo otra vez?

Desvió la mirada hacia mis labios, manchados de sangre.

—Joder, Clarke. No era mi intención.

—No me refiero a mí.

Por la forma en que sus ojos se oscurecieron, supe que acababa de comprender que el golpe al que me estaba refiriendo era al que le había propinado a Nolan, no a mí.

—¿Sin motivo? —repitió, irritado—. ¿Matar a mi hermana crees que no es un motivo suficiente?

Me miró fijamente, como si buscara algo en mis ojos.

—¿Por qué lo has hecho? —preguntó.

La repentina confusión hizo que frunciera el ceño.

—¿Hacer el qué?

—Lo has ayudado —contestó con un destello de molestia en su voz—. Has impedido que lo matara.

—No se solucionan así las cosas.

—¿Crees que hay una solución para lo que hizo?

—Lo único que sé es que la venganza no es la respuesta.

—¿Y tú qué sabes? ¿Crees que tienes alguna idea de lo que es perder a alguien así? ¿En manos de otra persona que mata por puro placer? —Sus ojos mostraban un dolor profundo, pero también resentimiento.

Apreté los labios con fuerza. No tenía respuesta para eso.

—No, por supuesto que no —contestó por mí.