En la línea de fuego 315
45%

315

Mientras avanzaba por el pasillo, su mirada nunca se apartó de la mía. Era como si nuestros ojos estuvieran conectados por un hilo invisible, y sentí la oscuridad de su mirada penetrando en cada rincón de mi ser.

De repente, algo se movió a mi lado a toda velocidad, y antes de que pudiera reaccionar, el puño de Adler ya había impactado en la mandíbula de Nolan.

Todos los presentes parecieron respaldar a Adler, porque cuando los guardias trataron de retenerlo, varias personas lo impidieron.

Y entonces se desató la locura.

Los dos guardias, visiblemente superados en número, se vieron envueltos en una lucha tumultuosa. Personas de la multitud se unieron a la refriega, los cuales no dudaron ni dos segundos en agredir a los guardias con tal de apoyar a Adler. El caos reinó a mi alrededor en cuestión de segundos, con puños y gritos volando alrededor.

En un extremo se encontraban Adler y Nolan, y en el otro, esas personas que, movidas por la pasión del momento, formaron una especie de banda en apoyo a Adler. Uno de los guardias trató de agarrar su porra, pero un hombre se abalanzó sobre él. Con una ferocidad repentina, el hombre de-rribó al guardia al suelo, desarmándolo y tomando la porra para usarla como arma propia.

Nolan, a pesar de estar esposado, demostró una destreza impresionante en la lucha, lo que me recordó el prodigio que era en el boxeo. Tenía una agilidad increíble, moviéndose con una gracia sorprendente. Aunque sus manos estuvieran atadas, su habilidad para esquivar y contraatacar era evidente.

Ahogué un grito cuando Adler empujó a Nolan con tanta fuerza que su espalda chocó con la pared más próxima en un sonido sordo. Una vez tuvo a Nolan acorralado, comenzó a 316

propinarle golpes sin parar. Nolan, a pesar de su musculatura y de ser unos centímetros más alto que él, estaba en una posición indefensa debido a las esposas que llevaba. Intentaba retener a Adler, pero cada golpe parecía minar su capacidad de defensa.

Jamás había visto a Adler tan fuera de sí. Apretaba los dientes con fuerza, disfrutando de cada rasguño que le hacía a Nolan. Estaba convencida de que en ese momento solo podía pensar en una persona; en su hermana.

Estaba desatando toda la ira que había estado acumulando contra él.

Miré a mi alrededor, alarmada. Nadie se atrevía a detener la brutal paliza. Aquellos que habían optado por mantenerse al margen vitoreaban a Adler, incitándole a que siguiera. Pero si seguía, iba a matarlo.

No pude explicarlo, pero algo se encendió dentro de mí cuando vi el rostro magullado y ensangrentado de Nolan. Y

era consciente de que no debería sentir ninguna lástima por él. Después de todo, había arrebatado la vida de cientos de mujeres, tanto niñas como adolescentes. Sin embargo, en ese momento, la fragilidad de su figura desató una respuesta i-nesperada en mi interior.

Empujé a las personas que se interponían en mi camino, abriéndome paso entre la maraña de gritos y golpes, hasta llegar a Adler. Traté de apartarlo de Nolan, pero al instante en que coloqué una mano en su espalda para retenerlo, sentí su codo clavarse en mi boca. No tardé en notar el sabor metálico. Llevé la mano a mis labios y vi el líquido rojo manchando mis dedos.

Adler se dio cuenta y su rostro se transformó momentáneamente, pasando de la furia descontrolada al arrepentimiento.