En la línea de fuego 314
45%

314

—¿Alguien puede decirme qué está sucediendo?

Lexi, usualmente la más expresiva del grupo, titubeó antes de responderme.

—B-bueno, no estamos seguros, pero creemos que. .

El silencio se apoderó del lugar cuando escuchamos unos pasos resonar en el piso. Todos volvieron la mirada hacia el pasillo del que provenía, y un murmullo de sorpresa y temor se extendió entre los presentes.

Me giré para averiguar qué es lo que estaba viendo todo el mundo.

Mis ojos se clavaron hacia la figura que se estaba acercando. Su presencia imponente llenaba cualquier lugar al que acudiera. Su cabello, tan oscuro como la noche, caía en mechones desordenados sobre su frente. Su piel contrastaba con la intensidad de sus ojos, que parecían penetrar hasta lo más profundo de aquellos a quienes miraba. Cada movimiento suyo parecía calculado, como si estuviera siempre un paso por delante de todos los demás.

Y ese no podía ser otro que Nolan Jenkins.

Sus ojos fríos y calculadores se encontraron con los míos, y una tensión eléctrica se instaló en el aire. El temor se apoderó de mí, y por un instante, todo lo demás desapareció. La frialdad del hospital se volvió insignificante ante la presencia del hombre cuyo nombre era sinónimo de peligro.

Dos guardias lo escoltaban, a pesar de llevar las manos atadas con esposas por seguridad. Cada uno de sus pasos estaba lleno de una confianza inquebrantable, como si estuviera acostumbrado a ser el epicentro de la atención, a pesar de las circunstancias.

A medida que se abría paso entre la multitud, la gente se apartaba, como si fuera un tiburón y nosotros un simple banco de peces que no podía hacer otra cosa que esquivarlo.