En la línea de fuego 313
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Al llegar al hospital, la soledad me envolvió como un manto.

Nunca me acostumbraría a la frialdad que emanaba ese sitio.

La luz tenue de la recepción apenas logró disipar la oscuridad que me rodeaba cuando crucé la entrada del hospital. La mujer mayor que estaba detrás del mostrador, ocupada con papeleo, ni siquiera levantó la vista para mirarme mientras pasaba junto a ella.

Al doblar la esquina para adentrarme a la sala principal, me sorprendió la cantidad de gente que había congregada en ella. Pude percibir expresiones de preocupación en sus rostros mientras hablaban.

—¡Lo he visto, os lo juro! —declaró un chico, con los ojos ampliamente abiertos.

En una esquina, un grupo de chicas compartía la misma noticia inquietante.

—¡Os digo que era él! ¡Estoy segura! —alcancé a oír.

El rumor se propagaba como un fuego incontrolado, y mi curiosidad se mezclaba con la preocupación. ¿Quién era ese

«él» al que se referían, y por qué había tanta gente reunida en el pasillo?

Al vislumbrar a Lexi, Lily y Adler congregados en la sala, decidí acercarme a ellos. Las chicas intercambiaron miradas nerviosas cuando me vieron.

Por un momento pensé que me preguntarían cómo había ido la salida, pero nadie mencionó nada.

El rostro imperturbable de Adler no mostraba ninguna emoción, como siempre. Su mirada se cruzó con la mía por un breve instante, y con eso me bastó para saber que seguía molesto conmigo por lo que ocurrió en mi habitación.