En la línea de fuego 310
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No entendí el contexto de la pregunta. Mi mente aún intentaba asimilar el encuentro.

—¿Eh?

Señaló a Landon con la cabeza, quien llevaba puesto su habitual uniforme de policía.

—Oh, esto. . Somos amigos.

—¿Y tú cómo estás? —me preguntó ella, cambiando de te-ma—. Me dijeron que te diste un buen golpe en las duchas.

¿Que cómo estaba?

Joder, vi cómo moría. Vi cómo su cuerpo se desplomaba como una marioneta, cómo su pecho dejaba de subir y bajar, cómo esos ojos color ámbar perdían su vida, cómo ese rostro, tan lleno de expresión, se volvía estático. Todavía recordaba el sonido sordo de su cuerpo al chocar contra el suelo.

¿Cómo era posible que ahora estuviera aquí frente a mí, sonriéndome como si nada hubiera pasado?

Y no solo eso. El estruendo de los disparos todavía retumbaba en mis oídos. Recordaba el humo consumiendo todo el conducto de ventilación, la sensación de asfixia mientras intentaba escapar de ese infierno. Recordaba la adrenalina bombeando furiosamente por mis venas y el miedo nublando mi mente mientras corría sin rumbo fijo.

De todo lo que recordaba, ¿qué era real y qué no?

—¿Clarke?

—Está mejor —intervino Landon, tratando de llenar el incómodo silencio que se había apoderado de la mesa.

Beth me miró con una mueca de confusión, como si notara que algo no estaba bien en mí.

—¿Estás molesta conmigo? Si es porque no me despedí de ti, puedo explicarlo. Me avisaron horas antes de que me daban la baja. Fue todo muy rápido, y tuve que irme ese mismo 311

día. Quise despedirme de ti, pero seguías descansando y pensé que. .

—Beth, no estoy enfadada —la interrumpí—. Me alegro muchísimo de verte.

Y lo dije con total sinceridad, remarcando cada palabra.

De hecho, nunca pensé que me alegraría tanto de verla.

Una sonrisa se asomó en sus finos labios, ahora algo a-grietados por el frío.

—¿Y qué haces fuera del hospi. .? —Abrió mucho los ojos, como si hubiese estado a punto de decir algo que no debía—.

Es decir, del. . bueno, ya sabes.

—Del hospital psiquiátrico. Sí, lo sé. —Landon volteó los ojos—. De hecho, estoy aquí por eso.

Beth volteó hacia mí.

—¿A ti también te han dado la baja?

—Ojalá —murmuré—. Me han dado un permiso de salida, pero en un rato debo regresar.

Beth iba a decir algo más, pero la camarera la llamó.

—Mi chocolate caliente me espera. —Sonrió—. Dales recuerdos a Lily, Maya y Adler de mi parte.

—Se los daré.

Beth se dirigió hacia la barra, y aproveché para mirar a Landon, quien me seguía observando con curiosidad. La seguí con la mirada a través de la cristalera, mientras se conectaba los auriculares de nuevo y se alejaba con pasos des-preocupados.

Pero no podía dejarla ir. Necesitaba confirmar lo que mi mente sospechaba.

Escuché que Landon me llamaba, pero mis pies ya se estaban moviendo hacia la puerta de la cafetería. Me abracé a mí misma para entrar en calor cuando el aire gélido de in-312

vierno me recibió, pero seguí avanzando.

—¡Beth, espera!

Pero no se detuvo.

—¡Beth!

Tuve que correr para alcanzarla. Le coloqué una mano en su hombro, y ella se giró con sorpresa en los ojos al tiempo que se desconectaba los auriculares.

—Clarke. ¿Qué pasa?

—¿Recuerdas algo de esa noche en el hospital?

—¿Qué noche?

—Antes de que te dieran la baja.

Arrugó la frente, tratando de hacer memoria.

—Me fui a dormir temprano. ¿Por qué?

Dejé caer mi mano de su hombro.

—Por. . nada.

—¿Eso era todo?

—Sí, supongo.

Asintió con algo de incomodidad.

—Deberías entrar. Te vas a congelar.

Dicho eso, conectó sus auriculares y siguió su camino. Me miró una última vez antes de regresar la mirada al frente.

Me quedé ahí de pie, inmóvil, asimilando lo que acababa de decirme. Landon llegó hasta mí y me colocó su chaqueta alrededor de mis hombros, cubriéndome con ella del frío.

—Beth nunca se iba a acostar temprano —murmuré para mí misma.

—¿De qué hablas? —inquirió él, confundido.

El aire gélido de la noche acariciaba mis mejillas mientras observaba a Beth alejarse.