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A través del retrovisor vi cómo el hospital psiquiátrico quedaba atrás. Era un alivio verlo desvanecerse en la distancia, al menos temporalmente.
Abrí la ventanilla del coche y cerré los ojos, inspirando el aire que impregnaba el bosque que nos rodeaba y disfrutando de la calidez de los rayos de sol que se filtraban entre las copas de los árboles. La sensación en mi pecho era indescriptible, como si finalmente pudiera quitarme la máscara y ser yo misma después de mucho tiempo.
Encendí la radio y dejé que la música bautizara mis oídos.
Volteé hacia Landon, que parecía concentrado mientras conducía, pero sabía que había elegido ese disco expresamente.
—Lana Del Rey, ¿eh? —Enarqué una ceja.
—Pensé que sería una de las cosas que echarías de menos.
Sonreí, negando con la cabeza, y subí aún más el volumen para disfrutar de la canción como se merecía. Las primeras notas de «Ride» de Lana del Rey llenaron el coche. Mis dedos jugueteaban con el borde de mi asiento al ritmo de la música, y mis ojos se perdían en el paisaje que se deslizaba ante nosotros.
Landon, concentrado en la carretera, asentía ligeramente con la cabeza, siguiendo la melodía. En un momento, nuestras miradas se encontraron y una sonrisa cómplice se dibujó en nuestros rostros.
Cuando llegó mi parte favorita, seguí la letra de la canción en voz alta:
—I'm tired of feeling like I'm fucking crazy.
«Estoy cansada de sentirme como una maldita loca»
—All I've got to keep myself sane, baby.
«Es todo lo que tengo para mantenerme sana, cariño»
—So I just ride, I just ride.