En la línea de fuego 298
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Landon estaba apoyado en el capó de brazos cruzados, con su uniforme de policía impecable, mientras esperaba pacientemente a que saliera.

—¿Una escapada romántica, eh? —inquirió Marlon con un tono juguetón.

—Hoy no tienes permitido arruinar mi día, Marlon. Así que hazme un favor y guarda tus comentarios para alguien a quien le importen.

Sin esperar respuesta, crucé el umbral de la puerta. El ai-re fresco acarició mi rostro cuando salí al exterior, sintiendo el cambio de temperatura, y una pequeña sensación de liberación se impregnó en mí. Aquella tarde prometía ser especial, y estaba decidida a aprovecharla al máximo.

Landon se giró hacia mí y una de sus comisuras se elevó mientras se despegaba del vehículo. Con entusiasmo, corrí hacia él como si temiera que en cualquier momento cambia-ran de opinión y me mandaran de vuelta al hospital. Dejé ca-er mi mochila al suelo y envolví mis brazos alrededor de su cuello en un abrazo firme.

—Cualquiera diría que nos vimos ayer —comentó divertido, rodeándome con sus brazos para corresponder el abrazo.

—Cállate y no estropees este momento.

Sentí su pecho vibrar junto al mío cuando se rió.

Agarré mi mochila del suelo y entramos en el coche. Me abroché el cinturón, acomodándome en el asiento.

—¿Lista?

—Nunca he estado más lista —le aseguré.

Puso el coche en marcha y rodeamos la fuente con estatuas angelicales esculpidas en piedra. La puerta con barrotes de metal oxidado se abrió frente a nosotros y pasamos junto al muro de piedra que rodeaba la edificación.