En la línea de fuego 287
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Mis dedos acariciaron la superficie lisa mientras mi mente divagaba, tratando de recordar si alguna vez había visto a alguien así.

Un suave golpeteo resonó en la puerta de mi habitación.

Mi corazón dio un brinco y me apresuré en guardar de nuevo todos los dibujos en la carpeta. Vacilé por un momento, pero decidí abrir la puerta. Me sequé las lágrimas antes de hacerlo, pero fuese quien fuese que estuviese detrás de esa puerta, sabría que había llorado.

La mirada de Adler me recorrió de arriba a abajo con intensidad. Entonces recordé que solo una camiseta ancha cubría mi cuerpo, dejando mis piernas al descubierto.

—Pensé que estarías durmien. . —Sus ojos se detuvieron en mi rostro—. ¿Estás bien?

—¿Qué te hace pensar que quiero hablar contigo?

—Me has abierto la puerta.

—Sí, porque no sabía quién era. Suerte para ti que no haya una mirilla, sino te quedabas en el pasillo.

Hice ademán de cerrar la puerta en sus narices, pero él se adelantó y la sostuvo con la mano, impidiendo que se cerrara por completo.

—No soy esa clase de persona que se va a dormir sin arreglar las cosas.

Me crucé de brazos, poniéndome a la defensiva.

—¿Pero sí la clase de persona que va por ahí hablando mal de mí? —Alcé una ceja.

—No he hablado mal de ti.

—¿Decir que estoy al borde de la locura no es hablar mal de mí?

—No he dicho eso. . exactamente.

«Exactamente»