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Fui pasando hoja por hoja a una velocidad sorprendente, mientras mi respiración se agitaba cada vez más. Ni siquiera sabía qué estaba buscando exactamente, pero necesitaba encontrar algo nuevo.
Entre los documentos encontré unos dibujos y un post-it encima de ellos:
"He encontrado estos dibujos que hiciste cuando eras pequeña, tu padre los tenía guardados. Pensé que te haría ilusión tenerlos. Échales un vistazo cuando estés lista."
Landon
Los saqué de la funda de plástico para verlos mejor. No es que estuviera lista, de hecho creo que nunca llegaría a estarlo, pero una pequeña parte de mí quería encontrar refugio en un lugar tan desconocido como ese.
En uno de ellos, mi padre y yo estábamos sentados en el jardín de nuestra casa, riendo bajo la sombra de un árbol. Otro mostraba a mi padre llevándome a cuestas en una feria, con algodón de azúcar en nuestras manos.
Un tercer dibujo capturaba un momento especial, nosotros bailando al ritmo de nuestra canción favorita, "Happiness is a Butterfly" de Lana del Rey, con el suave sonido del vinilo de música girando en el salón. Casi que podía escucharla en ese momento. Había dibujado mariposas a nuestro alrededor, danzando en armonía con la melodía.
Las lágrimas se acumularon en mis ojos mientras examinaba meticulosamente cada dibujo. Los detalles eran tan ví-286
vidos que pude sentir la conexión emocional que existía en ellos, porque todos eran recuerdos con él, como si quisiera plasmarlos en alguna parte para que no cayeran en el olvido.
Dejé escapar un sollozo que emergió desde lo más profundo de mi garganta. Traté de contener las lágrimas, consciente de que el papel era frágil y que podía estropearlo, pe-ro era inútil. El recuerdo de esos momentos felices ya se había instalado en mi mente, envolviéndome en una ola de nostalgia y pesar.
Lo echaba mucho de menos, y pensar que cuando saliera de aquí él no estaría en casa esperándome, simplemente me destrozaba. La idea de regresar a mi vida sin su presencia, sin sus bromas pesimistas, sin el aroma de su café matutino impregnando el aire, se cernía como una sombra oscura sobre mi futuro. Sería un choque de realidad que no sabía si podría llegar a enfrentar.
Iba a pasar a otro dibujo cuando uno de ellos captó mi atención. Era distinto al de los demás. La hoja estaba en blanco, a excepción de una niña en el centro sentada en una silla.
En su rostro había dibujado lágrimas que caían hasta el suelo, y encima de ella estaba trazado un globo de texto donde había escrito "socorro".
Supe enseguida que había dibujado mis propias pesadillas, y me pregunté si mi padre se habría dado cuenta alguna vez de ello.
Lo aparté de los demás y seguí observando otros, pero el siguiente también era distinto. Esta vez aparecía un chico.
Tenía el pelo negro y revuelto, y lo había dibujado como si fuese la complexión de un niño de mi edad. Estaba sentado en una silla junto a una mesa, y al parecer él también pedía ayuda. Su rostro reflejaba miedo, tanto como el mío. Me pregunté quién sería ese chico, pues en la escuela nunca llegué a hacer amigos.