En la línea de fuego 277
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—No es grave —aclaré—. Pero eso no es lo peor. Tengo recuerdos confusos, cosas que no cuadran. Ni siquiera distingo las pesadillas de la realidad. No estoy segura de si estoy volviéndome loca.

—¿Sigues teniendo pesadillas?

Oh, oh.

—Yo. .

—Me dijiste que dejaste de tenerlas hace años.

—Nunca he dejado de tenerlas —admití en voz baja.

Landon tensó la mandíbula y desvió la mirada.

—Joder. ¿Y son tan preocupantes como las que presencié ese día?

Hablaba de esa vez en la que me quedé a dormir en su ca-sa tras haber vuelto tarde de una búsqueda de una niña que desapareció en el bosque. Él decidió dormir en el sofá, así que cuando me escuchó gritar fue corriendo hacia su habitación.

Yo no lo recordaba del todo, pero me dijo que jamás había visto a alguien sufrir tanto por unas pesadillas. No sólo gritaba, sino que lloraba y me retorcía del dolor, un dolor que ni siquiera era real, sino que lo estaba generando mi propia mente.

—Sí —contesté con sinceridad.

Todo su cuerpo se enderezó al instante.

—¿Por qué no me lo has dicho antes?

—No quería preocuparte.

Exhaló aire.

—Hablaré con Foster. Tienes que volver con nosotros y dejar este caso.

Negué con la cabeza.