En la línea de fuego 273
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Recordé a Beth.

—Eso no es cier. .

—Finge que no recuerdas nada.

Mis palabras quedaron atascadas en mi garganta al escuchar la voz de Nolan.

Giré mi cabeza, alertada, pero no estaba en esa habitación. Lo busqué desesperadamente con la mirada —aunque su voz hubiese sonado extrañamente cercana—, rezando pa-ra que estuviese en algún rincón de ese lugar y no fuera el hecho de que había perdido la poca cordura que me quedaba.

—No, no estoy aquí. Ahora hazlo.

Acababa de escucharlo otra vez. Acababa de hacerlo.

—¿Qué. .?

—Hazlo. Ahora.

Sentí el peso de todas las miradas sobre mí, expectantes, aguardando a que dijese algo.

—Oh, sí, es. . verdad. —Mi voz sonó débil, y la confusión aún nublaba mis pensamientos.

—Hazlo mejor. Mientes fatal.

Me aclaré la garganta, tratando de encontrar mis cuerdas vocales.

—Necesitaba un baño frío —añadí.

—¿Un baño frío? Estamos en invierno, cúrratelo un poco más.

—Déjame en paz —mascullé en voz alta.

Todos parpadearon confusos, tratando de comprender a quién le acababa de decir eso.

Lexi alzó las cejas de manera significativa, instándome a actuar con normalidad. Eso fue lo que me impulsó a seguir 274

con la mentira.

—Tendré más cuidado la próxima vez.

La directora asintió satisfecha con una sonrisa forzada, pero sus ojos parecían más inquietos de lo que su expresión mostraba.

—Bien, ahora descansa. Necesitas reposo.

Cuando la directora desapareció por la puerta junto a ese doctor, dirigí mi mirada hacia cada uno de ellos.

—¿Me podéis explicar qué demonios está pasando?

—Ya te lo ha contado la directora. —Adler frunció el ceño, como si no entendiera la pregunta.

—Lo que ha contado no es la verdad, y lo sabéis.

—No sigas.

Y ahí estaba otra vez la voz de Nolan.

—Nos enteramos horas más tarde de que estabas en la enfermería, y hemos venido a ver cómo te encontrabas

—explicó Lexi—. Nosotros no podemos decirte qué fue exactamente lo que pasó, ya que no fuimos nosotros quienes te encontramos en el baño. Pero confiamos en que fue un accidente.

—Sí, porque si Marlon tuvo algo que ver, está muerto —añadió Adler, muy seriamente.

—¿Quién es Marl. .?

—¡Dejad de mentir! —grité, perdiendo la paciencia y cortando a Lexi—. ¡Estabais conmigo cuando visteis ese lugar!

—Mierda, Jules.

—¿Qué lugar? —preguntó Adler.

—Creo que deberíamos dejarla descansar —sugirió Lily—.

Tiene una conmoción.

Me giré hacia Lily, muy indignada. Acababa de insinuar 275

que todo lo que decía era fruto de la conmoción producida por un golpe que ni siquiera se había llegado a producir.

Si la ira tuviese una representación gráfica, sería yo ahora mismo.

—¡Tú no viste lo que vimos nosotros, así que no estás en derecho de hablar!

—Clarke, deberías relajarte —me pidió Adler.

—¿Qué visteis? —preguntó Lily.

—No lo digas.

—¡No sé cómo explicarlo, pero solo sé que era real! ¡Nos encontrábamos en otro lugar, ni siquiera parecía que estuviéramos en este hospital! ¡Había un laboratorio, y guardias armados, y. . estábamos huyendo de ellos! ¡¿Es que nadie recuerda nada?!

El rostro de todos reflejaba el más remoto desconcierto, y los conocía lo bastante como para saber que no estaban fingiendo. Realmente no sabían de qué estaba hablando. Pero. .

¿cómo era posible eso? ¿Cómo podía recordarlo yo y ellos no?

Existía la posibilidad de que hubiese sido una de esas pesadillas que tenía a menudo y que parecían tan reales.

Pero sólo había una manera de saberlo, una forma de averiguarlo.

—¿Dónde está Beth?

Los tres cruzaron miradas.

—Se ha ido esta mañana —contestó Adler—. Le han dado la baja.

—Quería despedirse de ti, pero seguías inconsciente —añadió Lexi.

Desvié la mirada hacia las sábanas que me cubrían, pero en realidad mi mente estaba mucho más lejos. Comencé a 276

dudar de la realidad de lo vivido.

¿Acaso todo lo que recordaba era fruto de una mente de-sorientada por la conmoción? ¿O habría sido una pesadilla que habría experimentado mientras descansaba en la camilla de esta enfermería?

Adler se acercó a mí.

—Lily tiene razón, debes descansar. Te iremos a ver mañana por la mañana.

Pero yo no podía dejar de cuestionarme mi propia cordura y la realidad de lo acontecido. ¿Había vivido una experiencia surrealista o mi mente se burlaba de mí con recuerdos falsos? Joder, hasta estaba empezando a escuchar a Nolan en mi mente.

Definitivamente la locura se había apoderado de mí.

* * *

Lo único reconfortante del día siguiente fue ver a una de mis personas favoritas.

—No sé cómo te lo haces, pero cada día tienes peor aspecto.

Bueno, discrepaba en lo de favorita.

—No sé si debería agradecerte o preocuparme de que se-as la única persona honesta aquí.

—La honestidad está infravalorada. —Landon se encogió de hombros—. ¿Cómo estás?

Solté un suspiro.

—He pasado la noche en enfermería.

Sus cejas se alzaron ligeramente.

—¿Esa tirita que tienes en la frente es el motivo?