En la línea de fuego 269
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Una oleada de pánico me invadió de nuevo al pensar en ella. Mi vista se nubló por las lágrimas que amenazaban con volver a salir.

—La he abandonado —dije en apenas un susurro.

Ambos se giraron hacia mí.

—Clarke. . —empezó a decir Adler.

—Joder, la he dejado sola. ¿Cómo. .? ¿Cómo he sido capaz?

La angustia se apoderó de mí, haciendo que mi voz temblara.

—No podíamos hacer nada —murmuró Lexi, incapaz de sostenerme la mirada.

Negué con la cabeza, mordiéndome el labio inferior.

—Si hubiésemos bajado, tal vez. .

—En ese caso, nos hubieran matado a todos —afirmó Adler.

—¡O tal vez no! —grité, la desesperación brotando en mis palabras—. ¡Tal vez ahora ella seguiría aquí con nosotros!

¡Hemos sido unos cobardes! ¡Hemos. .! ¡Hemos. .!

Necesitaba expresar el dolor y la frustración que sentía, aunque las palabras parecieran insuficientes para aliviar la carga de responsabilidad que pesaba sobre mí.

Lexi me envolvió en sus brazos, dejando que sollozara sobre su hombro. El llanto liberador se convirtió en la única vía para expresar la profunda tristeza y el desgarrador remordimiento que me embargaban.

—Hay que seguir, Clarke. —Hizo hincapié en el nombre, como si tratara de recordarme por qué no usaba mi verdadero nombre.

Estaba aquí por un propósito.

Me sequé las lágrimas con las palmas de mis manos y asentí, tragando saliva con fuerza.