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Y ahí estaba la verdad que quería escuchar. Mi teoría era cierta, y acababa de descubrirlo.
—Eso no puede ser legal. No podéis simplemente retener a alguien sin notificar a su familia o sin su consentimiento.
—Nolan no tiene familia —afirmó con frialdad—. Y tenemos su consentimiento, nadie ha obligado a nadie.
—De ser así, ¿por qué querría escaparse?
Beth palideció. Supongo que acababa de enterarse de que no fue Matthew quien se escapó esa noche.
—¿Está defendiendo a un asesino? —Enarcó una ceja.
—Debería ser usted quien hiciese tal cosa, no yo. No lo olvide, Nolan sigue siendo uno de sus pacientes. Y tiene derecho a ser tratado como tal.
La directora me miró con dureza, pero no pudo refutar la verdad en mis palabras.
—Su situación es delicada, pero velamos por su bienestar de la mejor manera posible. Créeme, es mejor para él estar aislado de la sociedad.
—Y no digo lo contrario. Pero, ¿de verdad cree que es ético aislarlo también del hospital?
—Hay situaciones que requieren medidas excepcionales.
Eso fue lo último que dijo antes de dar media vuelta y desaparecer por el pasillo, dando por finalizada la conversación.
* * *
—Hay que volver allí —insistí, levantando la mirada del plato.
Beth y Lexi dejaron de comer, posando sus ojos en mí co-mo si hubiera dicho algo absurdo.