En la línea de fuego 256
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—¿Estás demente o simplemente la cena de hoy no te está sentando bien? —cuestionó Beth.

—Vosotras no visteis lo mismo que yo. Estaban transportando un maldito cuerpo sin vida. ¿No entendéis la gravedad del asunto o qué?

Mis palabras colmaron la tranquilidad que había reinado en la mesa minutos atrás, pero llevaba rato dándole vueltas al asunto. Mi mirada se dirigió hacia ambas, pero la mantuve unos segundos más en Lexi.

—¿Llegaste a ver el cuerpo? —preguntó esta última.

—No, pero. .

—Entonces no deberías sacar conclusiones precipitadas.

Mi trabajo me obligaba siempre a ponerme en lo peor, ser precavida y considerar todas las posibilidades, a cuestionarme absolutamente todo lo que ocurría a mi alrededor para que no se me escapara ningún detalle. Y Lexi era consciente de ello, por eso me miraba como si pusiera en duda mi veracidad.

Genial, creía que estaba exagerando.

—Escuchad, no soy la única que lo ha visto, ¿vale? Mike, el guardia de seguridad con el que he hablado esta madrugada, vio exactamente lo mismo que yo.

Pero eso no fue suficiente para que me creyeran, pues compartieron una mirada dubitativa entre ellas.

—Gracias por vuestra comprensión —susurré con un deje de ironía, poniéndome en pie.

—Clarke, espera. . —dijo Lexi.

Pasé por el lado de Adler, quien acababa de aparecer con su bandeja, y salí del comedor con determinación. Que Beth no me creyera podía entenderlo, pero. . ¿Lexi? Representaba que estaba ahí para ayudarme, no para poner en duda todo 257

lo que decía.

No sabía que Adler me había estado siguiendo hasta que me alcanzó, agarrando una de mis muñecas con suavidad pe-ro ejerciendo la suficiente fuerza para detenerme.

—Ey, ¿qué ocurre?

Respiré hondo, intentando calmar mi frustración.

—Nada, solo que cuesta mantener la cordura cuando incluso tus propios amigos creen que estás loca.

Sus cejas se hundieron ligeramente.

—Yo no pienso que estés loca.

—¿Incluso si te digo que esta noche en los sótanos he visto cómo transportaban un cuerpo sin vida?

De pronto, su expresión se contrajo, mostrando una clara y repentina preocupación.

—¿Has ido a los sótanos?

—Fue idea de Beth. Quiso ir a la bodega para emborracharse.

—¿Y dices que allí viste un cuerpo sin vida?

De pronto, quise contárselo todo.

—Sí. Estaba esperando a que Beth se recuperara, ya que la muy irresponsable se bebió casi media botella de vino. Entonces fue cuando vi unas luces que parpadeaban en el techo y yo las seguí como una estúpida. Después de eso fue cuando. .

—¿Unas luces parpadeantes? —me interrumpió con el ce-ño fruncido.

—Sí, sé que es una locura. Pero te aseguro que es. .

—Yo también las he visto.

Un momento. ¿Qué?

—¿En serio?