En la línea de fuego 254
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—Hace tiempo que nadie se pasa por ahí.

—Es curioso, porque corren rumores de que se ha visto a personas deambular por ahí.

Desvió la mirada hacia el guardia que tenía al lado, haciendo que él se tensara de pies a cabeza, antes de volver a centrarse en mí.

—Como bien dices, son rumores.

Asentí, sin borrar esa sonrisa.

—Pero ya sabe lo que dicen, ¿no? Siempre hay algo de verdad en ellos, algún hecho que los origina.

La expresión de la directora se volvió aún más cautelosa, pero mantuvo su compostura.

—No me gusta perder el tiempo con habladurías sin fundamentos. Deberíais iros a vuestra habitación, ya es tarde.

Nos dio la espalda y sus tacones comenzaron a resonar por el piso cuando empezó a alejarse.

—¿A dónde tenéis metido a Nolan Jenkins?

Se detuvo en seco. La pregunta quedó flotando en el aire.

Su giro lento para enfrentarme expresaba que mis palabras habían tocado un nervio sensible.

—Porque está en este hospital, ¿cierto? —añadí—. ¿O eso también son habladurías sin fundamentos?

—No os lo repetiré. Id a vuestra habitación y dejad que nos ocupemos de los asuntos de. .

—¿Su familia sabe que no está en el ala de cuidados intensivos, donde debe estar?

Incluso desde esa distancia pude ver cómo apretaba los dientes con fuerza.

—Me vi en la obligación de retenerlo en otro lugar para garantizar la seguridad de los pacientes y del personal —admitió finalmente.